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La revolución digital llega a las ciudades

 

*Artículo originalmente publicado en 'Ethic'.

 

Vivimos en un mundo conectado y esto no es un concepto abstracto o distante. Es la realidad de cada día para todos nosotros; 7.300 millones de usuarios móviles; 3.700 millones de usuarios de banda ancha móvil; 3600 millones de internautas y 2.300 millones de usuarios de redes sociales son las cifras del mundo conectado en el que habitamos. Estos números van a seguir creciendo a mayor ritmo que la población mundial, de modo que el conjunto de los habitantes de nuestro planeta estará conectado.

Pero ese no es el techo de la conectividad. Además de todos, llegará un momento en que todo estará conectado. También esta es una realidad que empezar a resultarnos familiar. Es frecuente que, aparte de nuestros smartphones, muchos de nosotros tengamos una tableta, un libro electrónico, un monitor de actividad física, un navegador, una cámara de fotos o un dron. Todos son dispositivos inteligentes y conectados. Y esto va a ser así no solo para los dispositivos personales: el contador de la luz o del agua, el sistema de domótica o de seguridad en nuestras casas, cualquier vehículo perteneciente a flotas comerciales o de transporte público, el riego automático en los jardines o los controles en una industria. Eso es lo que llamamos Internet de las Cosas y no hay que viajar al futuro para empezar a ver cómo se desarrolla a nuestro alrededor.

Ese mundo del futuro, además, es y será cada día más global. La mayor presencia de tecnología en nuestras vidas ha difuminado la frontera entre la vida digital y la vida física, generando entornos más colaborativos en los que las relaciones, la cooperación y el intercambio ganan protagonismo. Del mismo modo, la digitalización de la economía está llevando a un significativo incremento a nivel global de los flujos de datos e información respecto al resto de flujos comerciales de bienes y servicios, financieros y de personas. Crecen las transacciones transfronterizas, en número y en relevancia.

 

Todo esto sucederá en un ambiente crecientemente urbano. Hoy, más de la mitad de los habitantes del planeta viven en ciudades y, en 2020, lo hará un 70%. Las ciudades, además, tienen un papel de gran relevancia como punto de confluencia de los flujos económicos y de información y como puertas de acceso a la economía globalizada. En las ciudades se genera hoy más del 80% del PIB mundial y, en el futuro, podemos esperar que esta cifra sea mayor.

 

Conectadas las personas y conectadas las cosas, con todas ellas hablando entre sí, se disparará el volumen de información disponible (Big Data). Con la inteligencia necesaria y, si somos capaces de desarrollar los algoritmos imprescindibles para entender y utilizar esa información, estaremos ante aun mundo futuro inteligente; tendremos en nuestras manos la llave del desarrollo económico futuro y el incremento de la riqueza y del bienestar para todos.

 

 

Por eso el paisaje del futuro lo dibujarán las ciudades inteligentes. En ellas será posible monitorizar, automatizar, controlar y optimizar los procesos que facilitan el día a día, para alcanzar un grado de bienestar y de desarrollo como la humanidad no ha conocido antes.

Ante la pregunta de cómo de lejos nos encontramos de ese futuro, la respuesta es que mucho menos de lo que quizás pensemos. Los elementos que van a hacer posible que esta promesa evolucione del estado de piloto al de realidad se están perfilando y reforzando. El ciclo inversor al que el sector de las telecomunicaciones ha hecho frente ha permitido un desarrollo sin igual de la conectividad de banda ancha, tanto fija como móvil, lo que ha permitido que las grandes cifras del mundo conectado en el que hoy vivimos se hayan hecho realidad. Cuando la conectividad 5G sea una realidad, se habrá dado un salto inmenso para hacer realidad un Internet de las Cosas de calidad, con aplicaciones nativas, con latencia y tiempos de respuesta mínimos para una reacción en tiempo real, y con un uso optimizado de la potencia de transmisión que permita conectar realmente cualquier tipo de dispositivo minimizando la necesidad de intervención o mantenimiento. Todos los dispositivos que nos facilitan la vida y la actividad económica llegarán a estar conectados.

Ese futuro es brillante y la tecnología que lo hará posible está a las puertas. Pero solo se hará realidad si se garantizan entornos abiertos e interoperables y se le presta la atención que requiere a la seguridad y la privacidad. Porque son los usuarios, tanto particulares como de empresa, los legítimos dueños de los datos y son ellos los que en cada momento tienen que poder decidir qué información quiere o no compartir, y en qué términos, para que el uso de los datos, con su autorización, vaya siempre en su propio beneficio directo.

 

El rol de las administraciones públicas o del regulador es tan importante como el de las telcos y el de las empresas tecnológicas. Se trata de una tarea de todos para el beneficio de todos. Y lo más importante es que va a suceder, que ya está aquí.

 

Este es el prólogo del libro Smart Cities, una visión para el ciudadano’, de Marieta del Rivero (Lid Editorial). Comienza a leerlo aquí.

 

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