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Fusiones móviles intra-nacionales¿lecciones que aprender?

 

El primero de septiembre, la Comisión anunció su decisión de autorizar la fusión entre Hutchison y VimpelCom en Italia. Esta operación está sujeta a condiciones estrictas, sobre todo la desinversión de los activos suficientes para permitir que un nuevo agente entre en el mercado italiano como cuarto OMR (Operador Móvil de Red). Iliad, el cuarto participante en el mercado móvil francés, es el comprador de los activos dispuestos por Hutchison y VimpelCom (comprador que también ha sido aprobado en la decisión de hoy como un “remedio de arreglo previo”).

Casi cuatro meses antes, por una decisión del 11 de mayo de 2016, la Comisión decidió bloquear la adquisición de 02UK por Hutchison en Reino Unido. En ese caso, CK Hutchison ofreció unas concesiones sin precedente – incluyendo una desinversión inmediata del 5% de la cuota de mercado, a través de la desinversión del accionariado en Tesco Mobile; acuerdos sobre capacidad, que hubieran dejado un 40% de la capacidad de la red combinada en manos de nuevos agentes; la posibilidad abierta de convertirse en OMR (incluyendo una oferta de espectro) a uno de estos nuevos agentes; acceso 4G y 5G para todos los OMVs (Operador Móvil Virtual), y una solución a las preocupaciones relacionadas con la compartición de red – para intentar y asegurar la aprobación de esta transacción, más allá de lo que sería estrictamente necesario en una lectura objetiva de las evidencias aportadas por la Comisión en este caso (previsiones de subidas de precio mucho más bajas que en transacciones anteriores, las partes no eran competidores inmediatos no se eliminaba una fuerza competitiva importante en el mayorista, etc.).

Mientras tanto, hemos escuchado muchas veces el reiterado mantra de que la Comisión no apoya un “número mágico” de OMR por país. Entonces, si éste no es el caso, ¿cuál es la gran diferencia entre un OMR y un OMV de capacidad que podría justificar un resultado tan dispar entre ambos casos?

En ambos casos, como en otros casos recientes similares, las preocupaciones de la Comisión se basan mayormente en el temor a que la fusión pueda acabar con la competencia entre dos agentes fuertes, y que la desaparición de una fuerza competitiva importante como esta pueda “resultar en menos elección y en una pérdida de calidad de servicios para los consumidores, así como unos precios minoristas cobrados por los operadores móviles más elevados que en ausencia de transacción” (tal y como se describe en el último caso italiano). Para poder evitar estos efectos, la Comisión espera que las partes faciliten la entrada de una nueva presión competitiva lo suficientemente fuerte como para restaurar las condiciones de mercado previas a la fusión.

En este momento, es importante preguntarnos qué tipo de operador podría ejercer una presión competitiva lo suficientemente fuerte. ¿Tendría que ser un OMR? ¿Podría ser un OMV de capacidad? ¿Cuál es en realidad la diferencia entre ellos? La Comisión misma describió recientemente la solución del OMV de capacidad como de una naturaleza casi estructural y habilitadora para el surgimiento de un agente de mercado que esté conceptualmente más cercano a un OMR, pero que no necesite desarrollar su propia infraestructura para poder competir.

En realidad, desconocemos los plazos de implementación de los remedios en el caso italiano pero es fácil predecir que hará falta tiempo para que Iliad pueda desarrollar una red consistente y con cobertura nacional. Mientras tanto, tendrá que depender de un acuerdo mayorista transitorio con la entidad fusionada. Por otro lado, un modelo de capacidad  permitiría a Iliad empezar a competir con los tres OMR italianos desde el primer día y con una estructura de costes basada en costes variables, que permitiría a Iliad concentrar más recursos en los precios minoristas, en vez de en desarrollar la infraestructura. ¿No implicaría este escenario una presión competitiva mucho más fuerte, intensa e inmediata?

La Comisión se refiere a Iliad como el “cuarto operador entrante de éxito en el mercado móvil francés ”. Si investigase sobre cuál fue el secreto de este éxito en Francia, descubriría  que Iliad entró en el mercado basándose en un modelo de capacidad. Tal vez fuera esto parte de su éxito. No nos olvidemos que en el caso de Reino Unido el modelo de capacidad podría haber sido adoptado por competidores convergentes con una posición en el mercado mucho mejor.

¿Cuál es el valor añadido de un OMR desde un punto de vista de la ley de competencia (ya que no estamos hablando aquí de objetivos de regulación sectorial)? Tal vez el problema es el mercado mayorista, donde, por cierto, Hutchison tenía una posición insignificante en Reino Unido. Pero… ¿qué pasaría si el OMV de capacidad pudiera proveer servicios mayoristas sobre la capacidad contratada, convirtiéndose así en nuevo mayorista? ¿Cuál sería la diferencia en ese caso?

Los esfuerzos de DGCOMP para apoyar una estructura de mercado específica, favoreciendo un tipo de operadores concretos, con una estructura de costes específica, nos hace pensar más en un regulador sectorial que en una autoridad de competencia. ¿Por qué? ¿Por qué la Comisión lleva a cabo este tipo de análisis?

¿Un cambio de comisario? Si las mismas preocupaciones sobre competencia pudieran ser resueltas por algún tipo de remedio (entrada de un OMV de capacidad) cuando un comisario concreto está al cargo, pero no es suficiente cuando otro comisario es nombrado, entonces el principio de seguridad jurídica estaría en cuestión.

¿La presión ejercida por parte de las autoridades británicas en la recta final hacia el referéndum del Brexit? En realidad, el papel jugado por Ofcom y la CMA fue particularmente preocupante. Por un lado, parecían contentos de crear un único activo en manos de un agente plenamente convergente en Reino Unido. Pero por otro lado, no parecen creer que la propiedad compartida de activos móviles por parte de los principales competidores convergentes de BT (como Virgin o Sky) sea buena para la competencia con el nuevo “campeón nacional”. Mientras Ofcom parece desesperado por ceñirse a su política de proteger las cuatro redes nacionales, su decisión previa de subastar espectro sin reserva para la competencia podría permitir que todo ese espectro fuera a parar a manos de BT y no asegurar así una posición de capacidad viable y sostenible a largo plazo para O2 o Three.

La respuesta no está clara pero, en cualquier caso, es preocupante para los operadores móviles que notifiquen fusiones de operadores móviles. Para los proyectos futuros que vayan a ser notificados, –muy relevante: durante el actual mandato de la Comisión– debe aprenderse la lección: hay un número mágico de OMR, cuatro, que DGCOMP no permitirá que se cambie a través de fusiones intra-nacionales. Por el bien de la seguridad jurídica, la Comisión debería ser clara sobre ello y no permitir que experimentos como el de Reino Unido salgan adelante a costa de compañías bien intencionadas.

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