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Carme Artigas: "el Big Data ha generado una reinvención digital de todos los modelos de negocio"


*Artículo publicado originalmente en el diario ABC

Carme Artigas destaca entre los pasillos del futurista Centro de Convenciones de Singapur, donde se celebra la Conferencia de Datos Strata, auspiciada por O’Reilly y Cloudera, líderes mundiales en Big Data e Inteligencia Artificial. Entre filas de «hoodies» y trajes de chaqueta, la que fue pionera en la introducción de Big Data en España y una de las principales expertas mundiales en la gestión de grandes datos, ofrece una clase magistral de apertura en la que reta a los gobiernos a construir sociedades inteligentes a partir de ciudades inteligentes. Singapur es el segundo país en el mundo, tras Copenhague, en la aplicación de Big Data para optimizar los servicios a los ciudadanos.

Artigas es cofundadora de Synergic Partners, la empresa que diseñó la primera arquitectura de Big Data en nuestro país y ocupa puestos de responsabilidad en diversas instituciones públicas y privadas. Es una firme defensora del poder transformador de la tecnología a nivel ecónomico y social, así como del talento y la capacidad creadora del individuo. No sorprende, pues, que su objetivo sea ahora volver a situar al hombre en el centro de lo que ella llama la «reinvención digital» de la sociedad.

 


 

La UE estima que el valor de la economía basada en Big Data podría alcanzar el 4,7% en 2020. ¿Por qué, pese a su impacto positivo, la gestión de macrodatos sigue siendo un gran desconocido para buena parte de la población y los gobiernos europeos?

La introducción de Big Data ha generado una reinvención digital de todos los modelos de negocio y de todos los sectores, que ha cambiado la economía por completo, y cuyos efectos están ahora viendo las grandes empresas.

El problema está, principalmente en España, en las pequeñas y medianas empresas, que son las que mayor riesgo corren de caer en la mega-brecha digital. Por eso, ayudar a las pymes con soluciones rápidas y efectivas debe ser nuestro principal foco. Asimismo, debemos luchar contra el gap cultural que perjudica a aquellas grandes empresas con sistemas de decisiones heredados, más centrados en el liderazgo personal que en los datos objetivos. Para contrarrestarlo, hay que introducir el perfil digital en los Consejos de Administración, porque las empresas, o se transforman, o mueren.
 

España aún está muy por detrás de países como Estados Unidos, Reino Unido o Singapur. ¿Qué nos falta para acelerar en la carrera digital, analíticos, empresarios que crean en los beneficios de Big Data o gobiernos que propicien una cultura tecnológica?

Se prevé que para 2040 la mitad de los perfiles profesionales tradicionales desaparezcan. Ahora bien, estamos en un mundo donde hace falta gente.

En España, en 2006, creamos una profesión de científicos de datos que no existía entonces. El nivel de talento en nuestro país es altísimo, somos la octava potencia del mundo en calidad de las personas. Lo que me preocupa es que haya una base transversal de nuevo conocimiento que se incorpore desde la escuela primaria, con especial atención al pensamiento crítico, la que será, sin duda, la habilidad más demandada del futuro. Los niños de hoy están estudiando para profesiones que no existen y es urgente un Pacto de Estado por la educación. Estamos ante un cambio de era y se requiere un nuevo pacto social del Estado en su relación con los ciudadanos para evitar que ciertos sectores queden excluidos.
 

«Pensamiento crítico ante la propaganda digital»
 

¿Cuál es la influencia del Big Data en la transformación de las relaciones de poder entre los países?

La digitalización no sólo está cambiando las estrategias de los Gobiernos y su relación con los ciudadanos a nivel interno, sino también a nivel geopolítico. Todos los países son hoy productores y consumidores y los que ganan, sin duda, son aquellos que saben atraer el talento y generan nuevos líderes con una visión transformadora que inspire a los ciudadanos. Hacen falta apuestas valientes, tanto en las empresas como en los Gobiernos.
 

La digitalización ha revolucionado todos los sectores, desde las finanzas hasta la medicina, los transportes y la seguridad. ¿Dónde queda la libertad del individuo y la protección de sus datos?

El Big Data va a los grandes patrones, no a la identidad personal. La protección individual es clave. De lo que se trata es de generar una relación de confianza entre las compañías y los consumidores. En la Unión Europea existe una amplia regulación al respecto y en países donde la protección de datos tiene otros estándares, la situación está cambiando, si no por la vía legal, por la presión social.
 

Pese a esos avances, no se ha podido impedir la injerencia digital mediante el hackeo de datos en ciertos procesos electorales recientes.

Cada cambio tecnológico conlleva un nuevo riesgo. Ahora bien, propaganda siempre ha existido pero ante el intento de manipulación, como en el caso de las «fake news» (noticias falsas) que han podido tener influencia en algunos países, la respuesta está en el pensamiento crítico. Esos riesgos, sin embargo, no pueden frenar el desarrollo porque las ganancias son mayores.
 

¿Cuál es el futuro del Big Data?

Nuestro reto es volver a poner al hombre en el centro. Tenemos que «humanificar» la tecnología. Como afirma la antropóloga Amber Chase, «la Inteligencia Artificial nos hará más humanos». No hay que sustituir a la persona sino ayudarle a potenciar sus capacidades. Quizás, justamente, la paradoja es que, una vez que deleguemos la toma de decisiones objetivas en un robot, lo que nos va a hacer más humanos es lo irracional, las decisiones que tomemos en base a la pasión, a la imaginación, al pensamiento estratégico…, lo que una máquina nunca podrá hacer.
 

¿Cómo podemos trasladar los valores éticos al Big Data?

Hay un debate en la industria sobre cómo incorporar la ética en los algoritmos. La Administración Obama fue pionera en este tema y se está hablando de crear comités éticos en las empresas. Tenemos que invertir el orden de prioridades. Antes, primero iba la tecnología, después la sociedad y, finalmente, la regulación. La regulación debe ir a priori ahora. Pero es un debate de la sociedad, no sólo tecnológico, y hace falta mucha pedagogía para poner en valor los datos.

 

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