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El impacto de la digitalización y de la globalización en Latinoamérica

 

El comienzo del milenio supuso para América Latina el despegue económico definitivo tras 2 décadas perdidas, una en la crisis de deuda de los 80 y otra convulsa por los latigazos económicos de crisis monetarias, fiscales y de otra índole a mediados de los 90. Gracias a la década prodigiosa de las materias primas se lograron tasas de crecimiento desconocidas para la región entre 2002 y 2012, recuperando así parte del tiempo perdido en las 2 décadas precedentes. El ajuste, que sigue a todo periodo expansivo, llegó a la región entre 2013 y 2015 coincidiendo con algunos hechos políticos reseñables, como las muertes de Hugo Chávez en Venezuela y Fidel Castro en Cuba, el final de icónicos gobiernos de izquierda con particular influencia ideológica y económica en la región como fueron los Gobiernos Lula (Brasil) y Kirchner (Argentina) o el proceso de paz puesto en marcha en Colombia.

 

A este proceso de cambio político y social se ha unido en los últimos años el impacto de la digitalización y de la globalización en las sociedades latinoamericanas.

 

A principios de año, Enrique García, ex Presidente del banco de desarrollo latinoamericano CAF destacaba en un lúcido artículo en El País la importancia de repensar el impacto de la globalización no solo en el mundo desarrollado sino también en los emergentes. En este sentido los bancos de desarrollo globales y regionales desempeñan una labor fundamental a la hora de repensar su rol como prescriptores de política pública en el contexto una economía cada vez más global y de continua disrupción tecnológica como el que vivimos en este momento.

El pasado 7 de Septiembre tenía lugar en Washington la Vigésimo edición de la Conferencia Anual de CAF – banco de desarrollo de América Latina -. En esta conferencia el presidente de CAF, Luis Carranza hizo un análisis de los ciclos económicos por los que ha atravesado América Latina en las últimas décadas y de las decisiones de política pública que han permitido superar recesiones y reducir la pobreza hasta niveles nunca antes vistos en la región. Según la visión del actual presidente de la CAF habían sido los pactos políticos y sociales los que permitieron a la región superar las crisis de los 80 y 90. Concretamente destacó los pactos por la estabilidad macroeconómica de los 80  y los cambios por la igualdad de los 2000.

El consenso de Washington trató de poner orden a los problemas macroeconómicos de los años 80. Algunos de los problemas comunes a la mayoría de las economías latinoamericanas del momento eran los siguientes: elevados déficits fiscales, excesivo apalancamiento de muchas economías, elevada inflación, crisis derivadas de caídas de los precios del crudo, y economías poco diversificadas. Los efectos de la crisis de deuda (años 80) y las derivadas tardías de ésta (el tequilazo mexicano, la crisis brasileña del 98, el corralito argentino) dieron lugar a desagradables consecuencias sociales y económicas (elevado desempleo, incremento de la pobreza y desigualdad, descontento social, etc.) El pacto por la estabilidad macroeconómica, si bien fue doloroso, permitió poner en orden las variables macroeconómicas de la región. 

 

 

Precisamente los problemas sociales y económicos fueron los que propiciaron el lanzamiento de  los pactos por la igualdad y contra la pobreza en palabras de Luis Carranza. El final de los 90 y la década de los 2000 vienen marcados por política públicas cuyo objetivo último ha sido el de reducir las desigualdades y proporcionar una mejor calidad de vida a los latinoamericanos.


Así hemos visto el desarrollo acelerado de las infraestructuras (como elemento de cohesión social) y en particular de las estructuras de telecomunicaciones siendo estos elementos críticos en el desarrollo regional desde finales de la década.

 

De forma paralela a las política de infraestructuras se han desarrollado programas de gasto social para incluir en el desarrollo económico a los sectores más desfavorecidos. Estas políticas han dado como resultado un descenso en 10 años de las tasas de desigualdad del 50 al 24% en la mayoría de países de la región. Asimismo, se está produciendo un fenómeno adicional, la aparición de una clase media creciente en la región, representando alrededor del 35% de la población actual en comparación al 21% que representaba hace 15 años.

Todos los avances llevados a cabo en la región en los últimos 15 años están a día de hoy en un punto de inflexión. La caída del precio de la materias primas junto con otra serie de factores (entre otros: Políticas económicas en EEUU, auge de Asia y en particular de China, apertura de negociaciones comerciales con la UE) hace de este un momento particularmente delicado y relevante para América Latina. Como bien destacaba el Presidente Carranza, la creciente clase media es una clase vulnerable. El 39% de la población latinoamericana está en riesgo de caer en la pobreza y por tanto los logros de los últimos 15 años están en hoy en juego. Se hace imprescindible un nuevo pacto, el pacto por apuntalar y consolidar estos logros sociales y económicos.

 

América Latina cuenta con los fundamentos necesarios para lograr los objetivos económicos mencionados, pero se antoja necesario un nuevo pacto cimentado sobre 2 objetivos de política económica fundamentales: El pacto por la competitividad y productividad de la región.

 

Detrás de ambos objetivos subyace adicionalmente una realidad que la región no puede olvidar: la globalización. El mundo globalizado exige políticas públicas que tengan en cuenta estas realidades. Cerrar las puertas a la globalización (o lo que es lo mismo a los intercambios comerciales y de inversiones) no es la manera de generar progreso y prosperidad para los ciudadanos latinoamericanos. En cambio apostar por la apertura económica (como bien está planteando el grupo de países que conforman la Alianza del Pacífico) y por la productividad como elemento fundamental para competir en la economía globalizada. Iniciativas como digitalizar y conectar la industria latinoamericana, la apuesta por la innovación como elemento competitivo, incrementar la presencia en el entorno internacional para tener voz en los principales acuerdos transnacionales que firmen en los próximos años y el mantenimiento de los fundamento macroeconómicos son los pilares para lograr el pacto social que lleve a América Latina a ser un actor con peso específico en la esfera global.  

 

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