Hacia un Mercado Único Europeo impulsado por las telecomunicaciones

El Mercado Único necesita al sector de las telecomunicaciones. La conectividad y las soluciones digitales impulsan la transformación y la escala empresarial. Eliminar barreras a la inversión e innovación en el sector, es clave para conseguir un Mercado Único pleno.

El Mercado Único Europeo y el sector de las telecomunicaciones
Juan Montero

Juan Montero Rodil

Tiempo de lectura: 7 min

Se ha cumplido el trigésimo aniversario del Mercado Único de la Unión Europea, una de las iniciativas políticas más brillantes y que más progreso y beneficios ha atraído consigo para ciudadanos, empresas y sociedad europea. En tan importante ocasión, Telefónica quiere reivindicar la vuelta a los principios sobre los que con tanto éxito se construyó inicialmente el Mercado Único, así como el papel habilitador fundamental de los operadores de telecomunicación para que las restantes actividades económicas puedan desarrollarse eficientemente en el Mercado Único.

El Mercado Único: logros y retos 30 años después

El Mercado Único se construye sobre un espacio geográfico concreto constituido por sus Estados Miembros, y tiene como objetivo que, dentro de dicho espacio, exista libertad de circulación para bienes, servicios, capitales y personas, las llamadas “cuatro libertades”.

En origen, las principales barreras a dichas libertades eran de naturaleza fronteriza y radicaban en las fronteras entre los Estados Miembros. La supresión de dichas barreras fronterizas constituyó un éxito sin precedentes en términos económicos y sociales, hasta el punto de que el Mercado Único es la base de la Unión Europea como la conocemos en la actualidad.

Sin embargo, no son únicamente las barreras fronterizas las que pueden impedir la libre circulación objetivo del Mercado Único. Tanto las instituciones de la UE como los distintos Estados miembros en su ámbito geográfico pueden erigir barreras legales, administrativas o políticas a las “cuatro libertades” del Mercado Único, barreras que no radican en las fronteras, sino que tienen un carácter poco localizado, aunque igualmente dañino.

En una encuesta de European Roundtable (ERT), el 86% de sus miembros expresaba que la regulación está limitando la competitividad europea. Telefónica, alineada con esta visión, contempla con preocupación la creciente ola de regulación procedente de la sustitución del concepto de Mercado Único por el de “mercado armonizado”, erigiendo barreras no fronterizas. También resulta preocupante la distorsión en el concepto del Mercado Único, patente cuando se describe la visión del Mercado Único Digital, hasta el punto de incluso definir las estructuras de dicho mercado.

El Mercado Único Digital y principales barreras

El Mercado Único Digital no es más, ni menos, que aquel en que rige la libertad de circulación de bienes y servicios digitales, y de los capitales y personas que los hacen posibles, facilitando a la industria y la sociedad europea la asignación eficiente de los recursos.

Este mercado no presupone unos resultados ni unas estructuras de mercado, ni tampoco, como  afirma el reciente White Paper – How to master Europe’s Digital Transformation needs? de la Comisión Europea, un espacio con homogeneidad en las condiciones de demanda y oferta, una visión que le alejaría de las cuatro libertades. La virtud del Mercado Único es precisamente que permite que la oferta se adapte eficientemente a las preferencias de la demanda, con independencia de cuáles sean.

En la actualidad, el Mercado Único Digital carece de obstáculos fronterizos relevantes a las “cuatro libertades”. En este sentido, se podría decir que existe un verdadero Mercado Único Digital geográfico. Sin embargo, sí existen barreras de otra naturaleza a dichas libertades: hay barreras regulatorias, administrativas y políticas.

En particular, es necesario llamar la atención sobre las barreras regulatorias a libre circulación de capitales que genera la combinación de una regulación de acceso obsoleta con una política de competencia enfocada en el número de competidores. El efecto de ambas actuaciones da lugar a estructuras de mercado inviables con una competencia artificial, promovida por privilegios regulatorios. Ello ha llevado a los operadores de telecomunicaciones europeos a una pérdida de valor y, consecuentemente, de su atractivo para los inversores.

Esto resulta especialmente preocupante en un momento como el actual, de pérdida de competitividad general de la industria europea ayuna de inversión e innovación, a la que un verdadero Mercado Único Digital podría realizar una aportación clave.

El sector de las telecomunicaciones es parte y habilitador del Mercado Único

En efecto, el Mercado Único Digital facilitaría el aprovechamiento de la nueva era digital a la industria y la sociedad europea. La conectividad es esencial para garantizar su buen funcionamiento: una conectividad de calidad junto con las soluciones digitales que acelera la transformación digital de los sectores económicos, y posibilita la expansión de sus fronteras, dotándoles de escala. En la medida en que se profundice en un Mercado Único para las infraestructuras y servicios de telecomunicaciones, se estará facilitando el ejercicio de las cuatro libertades en los demás sectores.

Para avanzar hacia un Mercado Único Digital, es esencial priorizar la inversión. Por ello, ganar escala en las zonas geográficas con despliegue de redes fijas y móviles, es crucial para facilitar futuros despliegues. Además, la viabilidad de servicios digitales paneuropeos dependerá de una infraestructura local robusta, a su vez condicionada por la salud financiera de los operadores locales.

Por suerte, el camino para este objetivo es claro: recuperar los principios originales del Mercado Único, que tan excelentes resultados nos dieron en su momento, y aplicarlos sin constricciones al mercado de las telecomunicaciones.

Recomendaciones para avanzar hacia un Mercado Único Digital en Europa

Avanzar hacia el Mercado Único Digital requiere la eliminación de las barreras legales, administrativas y políticas a la libertad de circulación de recursos del sector de las telecomunicaciones.  Para ello, Telefónica hace, entre otras, las siguientes propuestas:

  • Realizar una revisión de las regulaciones en la UE y, en caso de que dificulten la inversión en redes e infraestructuras básicas promover su eliminación. Además, hay que evitar que los Estados fragmenten el Mercado Único con regulaciones sectoriales. Para ello, la UE debe asegurar que éstas no se conviertan en barreras, promoviendo su eliminación, si es el caso.
  • Una política de competencia que contribuya al fortalecimiento del sector de las telecomunicaciones como habilitador esencial del Mercado Único europeo es fundamental. Es necesario asegurar que las decisiones de competencia no generan barreras de salida a los agentes del mercado causadas por la imposición de remedios que crean competencia artificial y estructuras de mercado insostenibles.
  • El Mercado Único Digital necesita un marco regulatorio que permita liberar recursos para agilizar el despliegue de infraestructuras y servicios digitales. Conviene, por tanto, simplificar las normas para reducir la carga administrativa y los costes asociados, incluidas las fiscales.
  • La política del espectro radioeléctrico es un elemento clave dentro del Mercado Único Digital ya que puede facilitar la conectividad, la inclusión digital y la innovación y el crecimiento económico. Por ello, se propone generar certidumbre sobre la renovación de las licencias en condiciones razonables e Incrementar la oferta armonizada de espectro en bandas medias y bajas para redes terrestres celulares.
  • La preservación de un Mercado Único requiere una acción coordinada para la prevención y eliminación de nuevas barreras injustificadas o desproporcionadas que redunden negativamente sobre “las cuatro libertades” que lo vertebran. Para ello, se propone llevar a cabo un análisis de los costes-beneficios en términos de Mercado Único de futuras normas.

Es un momento decisivo para la competitividad de Europa. La Ley de las Redes Digitales (DNA) puede constituirse en la herramienta clave para recuperar un Mercado Único de telecomunicaciones, por lo que es una oportunidad fundamental para poner a Europa en la senda de la prosperidad a largo plazo.


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