En mi día a día trabajando en gestión de proyectos, hay algo que tengo bastante interiorizado: si no defines bien el objetivo, si no mides, y si no haces seguimiento, es muy difícil llegar donde quieres.
Durante mucho tiempo lo veía como algo puramente profesional. Pero llegó un punto en el que me pregunté: ¿y si todo esto que aplico en el trabajo lo llevo al deporte? ¿Y si trato mi preparación como si fuera un proyecto más?
La respuesta empezó a tomar forma preparando The Millars UCI Gran Fondo World Series, una prueba de 156 km con más de 2.000 metros de desnivel, celebrada el pasado 22 de marzo.
¿Qué significa ser PMO?
Cuando alguien me pregunta a qué me dedico como PMO, muchas veces cuesta explicarlo en[MA2] una frase. No es solo hacer seguimiento de proyectos ni coordinar tareas.
Para mí, ser PMO es estar constantemente conectando puntos. Es coger un objetivo que a veces suena muy abstracto y bajarlo a algo concreto: qué hay que hacer, cuándo, con qué recursos y cómo sabemos si vamos bien.
En el día a día eso significa ordenar el caos. Priorizar cuando todo parece urgente. Detectar problemas antes de que exploten. Y, sobre todo, ayudar a que las cosas pasen.
Con el tiempo te das cuenta de que no va solo de metodologías o herramientas. Va de tener una forma de pensar: estructurar, medir, ajustar y volver a empezar.
De la oficina al deporte: aplicar la mentalidad PMO
Cuando empecé a preparar la prueba, decidí hacerlo igual que gestiono un proyecto.
Lo primero fue definir qué quería conseguir. No valía con “hacerlo bien”. Necesitaba algo concreto[MA3] : terminar entre los primeros 60 participantes de un total de 2.000.
A partir de ahí, organicé la preparación en fases. Planifiqué bloques de entrenamiento, fui midiendo cómo evolucionaba y, sobre todo, fui ajustando mi estrategia sobre la marcha cuando algo no iba como esperaba.
El resultado fue una mejora de aproximadamente 20 minutos respecto al año anterior y una 31ª posición en la general, suficiente para lograr la clasificación para el Mundial UCI Gran Fondo 2026 en Japón.
El poder del dato: medir para mejorar
Si hay algo que tengo claro es que lo que no se mide, no se mejora.
En el trabajo esto es evidente, pero en el deporte lo es aún más. Empecé a apoyarme mucho en datos: potencia, peso, carga de entrenamiento…
En mi caso, trabajar sobre métricas como el FTP o la relación W/kg me permitió ver claramente la evolución:
- FTP: de aproximadamente 280 W a 310 W
- Peso: de 75 kg a 71 kg
- Relación W/kg: de 3,7 a 4,4
Más allá de los números, lo importante es lo que haces con ellos. Ajustar, probar, equivocarte y volver a ajustar. Exactamente igual que en cualquier proyecto.
Gestión del tiempo y disciplina
Una de las partes más complicadas fue encajar todo con el trabajo.
Aquí es donde más he notado lo que me ha aportado mi día a día como PMO. Saber priorizar, organizarme bien y ser bastante disciplinado con los tiempos.
No siempre es fácil, pero cuando tienes claro el objetivo, acabas encontrando los huecos. Y esa constancia, poco a poco, marca la diferencia.
Al final, no se trata de tener más tiempo, sino de gestionar mejor el que tienes.
Gestión de la incertidumbre
Ni en los proyectos ni en el deporte todo sale perfecto.
Siempre hay imprevistos: días malos, cambios de planificación, incluso caídas como me pasó en la carrera. Y ahí es donde realmente entra en juego la mentalidad.
En lugar de frustrarme, intenté hacer lo mismo que hago en el trabajo: analizar, ajustar y seguir.
Porque si algo he aprendido es que desviarte forma parte del proceso. Lo importante es cómo reaccionas.
Próximo reto: el Mundial de Japón
Con la clasificación conseguida, ahora empieza una nueva fase: preparar el Campeonato del Mundo UCI Gran Fondo en Japón.
Y lo voy a enfocar exactamente igual. Definir bien los siguientes hitos, estructurar la preparación por bloques, seguir midiendo cada avance y optimizar todo lo posible.
Al final, es lo mismo de siempre: mismo enfoque, nuevos objetivos.
Gestión de proyectos y alto rendimiento: aprendizajes clave
Si algo saco de toda esta experiencia es que muchas de las habilidades que desarrollamos en el trabajo sirven para mucho más.
Planificar, medir, ser constante, adaptarte… todo eso no se queda en la oficina.
En mi caso, llevar esa mentalidad al deporte me ha ayudado a mejorar más de lo que esperaba.
Y al final todo se resume en algo bastante simple: tratar cada objetivo como un proyecto. Con método, con cabeza… y con ganas de hacerlo un poco mejor cada día.







