Política industrial

La Autonomía Estratégica Abierta, eje de la política industrial europea

La vulnerabilidad de Europa se ha puesto de manifiesto cuando las dependencias de sus cadenas de valor industriales de terceros países han impactado directamente en su economía.

La Autonomía Estratégica se ha convertido en la nueva dirección de las políticas industriales para poner en marcha una estrategia que reduzca los riesgos potenciales derivados de las asimetrías en las interdependencias económicas en el largo plazo. En el ámbito digital, esto implica encontrar un equilibrio entre operar de forma más autónoma en áreas estratégicas y cooperar con terceras partes, para garantizar el acceso permanente a tecnologías críticas y cadenas de suministro digitales seguras. Todo ello, en base a las normas y valores europeos.

En un contexto de creciente relevancia de la autonomía digital, Telefónica es un socio decisivo para una política industrial europea que promueva esta Autonomía Estratégica Abierta.

Una política Industrial del siglo XXI:

Hacia una competitividad europea basada en la tecnología.

La relevancia estratégica de la autonomía digital

Más allá de la energía o de los semiconductores, la digitalización se convierte en un factor crítico para la competitividad y la geopolítica. La carrera tecnológica mundial está dando lugar a avances cruciales y, a veces, decisivos para las economías y su autonomía. El desarrollo del 5G, la IA, la computación cuántica y la nube o cloud se está enmarcando en una competición entre países que definirá los polos de liderazgo económico del siglo XXI, y en la que Europa va rezagada.

Europa es consciente de que su competitividad futura dependerá de su capacidad industrial para producir servicios y productos que contribuyan a lograr con éxito las transiciones digital y verde. Y la velocidad a la que se impulse la transformación económica marcará la diferencia entre posicionarse como una región líder o como una región estratégicamente dependiente.

Por ello, es esencial garantizar la fortaleza y la sostenibilidad de los sectores tecnológicos que impactan de manera directa y transversal en la competitividad de las industrias. Desde esta perspectiva, el sector de las telecomunicaciones es un activo estratégico.

El sector de las telecomunicaciones: un socio decisivo

Las empresas del sector de las telecomunicaciones, como Telefónica, somos socios clave para la configuración de una política industrial del siglo XXI que promueva la competitividad basada en la tecnología y reduzca la brecha digital de Europa.

El despliegue de redes de muy alta capacidad es el primer paso hacia una Autonomía Estratégica efectiva, ya que la conectividad es la base de una economía sostenible y digitalmente avanzada. Los operadores de telecomunicaciones desplegamos redes de conectividad preparadas para el futuro, las cuales son esenciales para impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios digitales innovadores.

Más allá de la conectividad, nuestro sector ofrece soluciones tecnológicas que aceleran la transición digital y verde de todas las empresas: impulsando la competitividad, la capacidad de innovación, de exportación y de creación de empleo de las industrias, impactando positivamente en el crecimiento económico.

Recomendaciones para una política industrial del siglo XXI

En Telefónica creemos que las políticas públicas deben reforzar la competitividad y la sostenibilidad de sectores decisivos para el crecimiento económico presente y futuro en economías altamente dependientes de la digitalización. Y el sector de las telecomunicaciones juega un papel esencial en la economía europea.

Por ello, creemos que un enfoque efectivo debiera, en primer lugar, promover incentivos a la inversión e innovación en redes de conectividad preparadas para el futuro para garantizar el retorno adecuado de las inversiones y los recursos necesarios.

En segundo lugar, debiera fomentar unas condiciones justas para el desarrollo equilibrado y el buen funcionamiento del ecosistema digital, asegurando la sostenibilidad de las inversiones en redes.

En tercer lugar, debiera reconocer a las infraestructuras de telecomunicaciones como habilitadores de la transición verde.

Y, por último, promover la innovación y la competitividad de la industria europea en base a un enfoque integral: desde políticas públicas que promuevan la I+D hasta la comercialización, pasando por políticas que estimulen la adopción digital, la confianza digital, la empleabilidad y la cooperación para el desarrollo armonizado de tecnologías emergentes.

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