Para mí, un vídeo creativo no es simplemente grabar algo que pasa. Un video creativo es contar algo con intención. Parece lo mismo, pero no, no lo es en absoluto.
Un vídeo puede enseñar una acción, un momento o una situación. Un vídeo creativo, en cambio, busca que eso tenga sentido, personalidad y emoción. No se queda en el “mira esto”, sino que va un paso más allá y te dice: “mira esto… pero míralo así”.
La diferencia no está solo en la cámara, ni en la edición, ni en los efectos. Está en la idea. En decidir qué quieres contar, a quién se lo quieres contar y cómo vas a hacer que esa persona conecte con lo que está viendo.
A mí me gusta explicarlo con un ejemplo muy simple: un vídeo es mostrar una puerta que se abre, frente a un vídeo creativo que es conseguir que esa puerta signifique algo. Que quien la vea sienta curiosidad, tensión, sorpresa o incluso ternura. Que no sea solo una puerta abriéndose, sino una historia empezando.
Por eso, un vídeo creativo no nace cuando te pones a grabar. Nace mucho antes. Cuando piensas el enfoque, el tono, el ritmo y la intención. Cuando decides qué enseñas, cómo lo enseñas y, muchas veces, qué prefieres no enseñar para que el espectador complete el resto. Ahí es donde empieza la magia de verdad.
¿Cuáles son sus características clave?
Para mí, un vídeo creativo tiene varias claves, pero la primera y más importante es que no se limita a enseñar algo: te mete dentro. Tiene intención narrativa. Es decir, no pone imágenes una detrás de otra “a ver qué pasa”, sino que sabe lo que quiere contar y cómo quiere que lo vivas. Y ahí entra todo: el tono, el ritmo, la luz, el sonido, los silencios, el encuadre, el color… incluso, como he dicho antes, aquello que decides no mostrar. Porque sí, en audiovisual, a veces lo que no enseñas trabaja más que lo que enseñas.
La segunda clave es la coherencia. Que todo tenga sentido dentro de la misma propuesta. Porque puedes tener un plano precioso, una música espectacular y una edición muy apañada, pero si cada elemento va por libre, el vídeo acaba pareciendo un “mercadillo de imágenes”: Mucha cosa bonita… pero cada una por su lado. Y la creatividad no va de decorar una idea floja. Va de conseguir que todo empuje en la misma dirección.
Y luego hay una tercera característica que para mí es fundamental: la capacidad de dejar huella. Un vídeo creativo te tiene que dejar algo. Una emoción, una imagen, un pellizco, una reflexión, una incomodidad de esas que no son agradables, pero sí necesarias. Algo que se quede contigo cuando el vídeo ya ha terminado.
Eso, por ejemplo, es algo que intenté trabajar en mi corto “Un segundo”. La historia habla del peligro de usar el móvil al volante, pero lo importante no era solo dar un mensaje, sino hacer que el espectador lo sintiera. Que no se quedara en un “sí, sí, eso está mal” y pasara a otra cosa, sino que hubiera un impacto emocional, un pequeño nudo, una sensación de “uff”. Porque cuando una historia consigue eso, deja de ser un contenido que ves y se convierte en algo que te acompaña después.
¿Qué formatos son los principales?
Aquí lo primero es poner orden, porque cuando decimos “formatos” a veces hablamos de muchas cosas a la vez y eso acaba siendo un pequeño caos audiovisual, con muy buena intención, pero caos.
Yo distinguiría entre dos grandes bloques.
Por un lado, están los formatos narrativos, es decir, el tipo de vídeo que estás creando según lo que quieres contar. Ahí entrarían los vídeos emocionales, los explicativos, los testimoniales, los corporativos, los tutoriales o las piezas pensadas para redes. Cada uno tiene una función distinta: unos buscan emocionar, otros informar, otros generar cercanía, otros enseñar y otros captar la atención en muy poco tiempo.
Por otro lado, están los formatos técnicos o de plataforma, que son los que dependen del canal donde se va a publicar el contenido. Por ejemplo, el horizontal funciona muy bien para YouTube, web o contenidos más tradicionales; el vertical es el rey absoluto en TikTok, Reels, Stories o Shorts; y el cuadrado también ha tenido, y en algunos casos sigue teniendo, mucho sentido en redes.
Para entenderlo fácil: el formato narrativo sería la historia que quieres contar, y el formato técnico sería el traje que le pones para que funcione bien en cada sitio… Porque tú no vas en chanclas a una gala de los Goya, ni con lentejuelas a comprar el pan. Bueno… poder, puedes. Pero quizá no es lo más eficaz.
Ahora bien, que el formato cambie no significa que la esencia desaparezca. Ese es, para mí, uno de los errores más habituales. Pensar que como una pieza es corta, vertical o va para redes, ya no hace falta pensar tanto. Y en realidad pasa justo al revés. Cuanto más breve es el formato, más clara tiene que estar la idea. Cuanto menos tiempo tienes, más importante es que haya intención, estructura y un hilo conductor.
Porque al final da igual que el vídeo sea horizontal, vertical, largo, corto, testimonial o explicativo: si no tiene una idea detrás, un enfoque claro y unos detalles que refuercen el mensaje se queda en consumo rápido y olvido todavía más rápido. Y cuando trabajas bien el formato, no solo haces que la pieza funcione en pantalla: haces que el mensaje llegue, conecte y, con suerte, perdure un poco más de esos tres segundos de atención que hoy parecen deporte de riesgo.
¿Qué diferentes tipos de vídeos creativos existen?
Si nos ponemos teóricos, tipos de vídeo hay muchos: corporativos, testimoniales, promocionales, documentales, tutoriales, explicativos, piezas para redes, motion graphics… En fin, nombres hay para aburrir. El sector, en eso, es muy generoso.
Pero, sinceramente, yo aquí haría un matiz importante: No creo que existan distintos tipos de vídeos creativos como tal. Lo que existen son distintos tipos de vídeo. El apellido “creativo” no lo da el formato, ni el tema, ni la categoría en la que lo metas.
- Un vídeo corporativo puede ser creativo.
- Un testimonial puede ser creativo.
- Un tutorial puede ser creativo.
- Incluso un vídeo sobre prevención de riesgos laborales puede ser creativo, aunque el tema sea de lo menos creativo…
Al final, ese apellido se lo pone la mirada de quien lo crea y de quien lo ejecuta. La creatividad no está en la etiqueta, está en el enfoque. En cómo decides contar esa historia. En si te limitas a dar información o consigues construir una pieza que tenga intención, personalidad y capacidad de conectar con quien la ve.
Para mí, ahí está la diferencia de verdad. No en el tipo de vídeo que haces, sino en lo que haces con él. Porque puedes coger un formato aparentemente muy común y convertirlo en algo potente, emocionante y memorable. O puedes tener entre manos un tema que parecía prometedor y resolverlo de una forma tan plana que no deje ni eco.
Así que, más que hablar de distintos tipos de vídeos creativos, yo hablaría de distintos tipos de vídeo que pueden, o no, estar contados de forma creativa. Y eso ya no depende del nombre de la pieza. Depende de la mirada, de la sensibilidad y de la inteligencia con la que se construye.
¿En qué medida afecta el desarrollo de las nuevas tecnologías para los vídeos creativos?
Muchísimo. Pero no en plan catástrofe de “se acabó todo, nos sustituye una máquina y nos retiramos a plantar bonsáis”. No. Afectan muchísimo porque nos dan más posibilidades, nos agilizan procesos y permiten hacer cosas que antes costaban un dineral o directamente eran inviables.
Hoy la IA puede ayudarte en ciertas fases: ordenar ideas, probar enfoques, apoyar un storyboard, limpiar audios, generar recursos o facilitar parte de la postproducción. Y eso es estupendo. Igual que ha sido estupendo todo lo que ha venido con la evolución de cámaras, drones, estabilizadores y software cada vez más accesibles. Tecnológicamente hemos avanzado una barbaridad, y eso ha hecho que se puedan hacer producciones mucho más potentes con menos presupuesto.
Pero ojo: una cosa es facilitar la ejecución y otra fabricar creatividad. Porque la tecnología ayuda, sí, pero no piensa por ti. No decide qué historia merece la pena, ni qué enfoque va a hacer que funcione, ni cómo lograr que una pieza tenga alma. A mí me gusta mucho compararlo con los drones. Antes una toma aérea era cara, complicada y limitada. Ahora la tienes mucho más a mano y eso es fantástico. Pero tener un dron no te convierte automáticamente en narrador visual, igual que el comprarte las sartenes que promociona Jordi Cruz, no te convierte en un Chef estrella Michelin.
Y aquí hay algo que me parece importante decir: todavía hay mucha gente que cree que hacer un vídeo es darle a la tecla F11 y que empiezan a salir piezas como churros. Y no. Eso podrá pasar con un vídeo cualquiera. Pero con uno creativo, no.
Lo creativo requiere tiempo. Requiere imaginar, pensar, soñar, escribir, dibujar, probar, cambiar cosas y encontrar la mejor manera de contar algo. A mí muchas veces me ocurre que, mientras me están explicando lo que necesitan, ya me viene una primera idea. Pero esa idea es solo la semilla. Luego hay que trabajarla mucho para que funcione de verdad, para que impacte y para que deje huella. Y otras veces esa idea no aparece tan rápido, y hay que ir a buscarla con un poco más de paciencia.
Por eso, cuando alguien te pide un vídeo creativo de una semana para otra, pues hombre… vídeo puede haber. Pero creativo, no siempre. Porque la creatividad necesita algo que hoy sigue sin poder acelerarse del todo: tiempo para macerar.







