El nuevo orden tecnológico global: dos mundos en un mundo

La tecnología y la digitalización están siendo decisivas en la definición del nuevo orden mundial.

De izquierda a derecha: Christoph Steck, Alicia Richart, Belén Romana, Áurea Moltó y Borja Bergareche.
7 min

La fundación Telefónica despide el año acogiendo el último evento presencial del foro TELOS2021. El objetivo de este encuentro fue examinar la bifurcación del orden internacional actual, principalmente en el ámbito tecnológico internacional. A grandes rasgos, este orden está marcado por lo que se ha denominado como “Nueva Guerra Fría”, reflejando de este modo las tensiones existentes entre los países para ser líder en la innovación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Áurea Moltó, directora de la revista ‘Política Exterior’, inauguró el evento destacando el papel clave que desempeña la tecnología en el orden mundial. Internet abrió la puerta hacia un camino inexplorado y aparentemente más colaborativo. Sin embargo, ya hemos podido comprobar que no es así. La cooperación esperada se transformó en rivalidad. Esto se ha reflejado tanto en la carrera tecnológica como en las visiones sobre el desarrollo digital de los países, dando como resultado “dos mundos en un mundo”.

Christoph Steck (Director de Políticas Públicas e Internet en Telefónica), Alicia Richart (Directora general para España y Portugal de Afiniti), Borja Bergareche Sainz de los Terreros (Socio de Comunicación y Liderazgo Corporativo de Harmon) y Belén Romana (Miembro de varios Consejos de Administración de empresas internacionales) fueron los encargados de continuar con el debate.

  • De izquierda a derecha: Christoph Steck, Alicia Richart, Borja Bergareche y Belén Romana.
  • De izquierda a derecha: Christoph Steck, Alicia Richart, Borja Bergareche y Belén Romana.
  • De izquierda a derecha: Christoph Steck, Alicia Richart, Belén Romana, Áurea Moltó y Borja Bergareche.

Belén Romana resaltó el poder estratégico de las redes de telecomunicaciones e Internet desde la Primera Guerra Mundial. Desde ese momento, Estados Unidos implementó un modelo hegemónico, lo que lo posicionó a la cabeza de la innovación. Pero este no ha sido el final de la historia. China ha tomado nota de los pasos a seguir, “lo ha entendido y lo ha puesto en práctica”, dijo.

Con un foco más europeo, Borja Bergareche señaló dos puntos claves para la revolución digital en la región: la democratización de las tecnologías y la velocidad de la transformación. Primero, los avances tecnológicos han permitido que la tecnología sea accesible para todas las personas, favoreciendo el desarrollo social y económico de la población.  Segundo, las plataformas digitales avanzan a pasos agigantados lo que dificulta seguirles el ritmo en el ámbito normativo, y más aún cuando los reguladores no tienen un profundo conocimiento digital. Alicia Richart corroboraba esta visión y enfatizó cómo las revoluciones tecnológicas han pasado de medirse en décadas a medirse en semanas. Asimismo, estas vienen asociadas a cambios que afectan a la esfera política, como el surgimiento de populismos promovidos por la desinformación característica de esta nueva era digital.

Por su parte, Christoph Steck subrayó el valor fundamental de la tecnología en el desarrollo de los países. La nueva era digital se presenta como una etapa disruptiva y de acelerado crecimiento donde la Ley de Moore ya no es aplicable. Esto abre un gran abanico de posibilidades a la vez que rompe muchos de los paradigmas actuales. A pesar de que esto supone un desafío en la respuesta regulatoria de gobiernos y organizaciones internacionales, una activa cooperación público-privada puede hacer frente a estos rápidos cambios.

Nuevo orden tecnológico global

Antes de la primera revolución industrial, Occidente y Oriente tenían niveles de crecimiento bastante similares, siendo ambos prósperos y avanzados. Sin embargo, la invención de la máquina de vapor significó la división entre estas dos regiones, impulsando Occidente y dejando atrás a Oriente. A partir de entonces, los países europeos y Estados Unidos se pusieron a la cabeza del desarrollo. Ahora da comienzo la cuarta revolución industrial -o tecnológica-, pero ya no está tan claro quien la lidera.

El mundo digital no conoce fronteras.❞

Christoph Steck

A diferencia de las revoluciones anteriores, la cuarta revolución industrial es rápida, cambiante y sin fronteras. Por un lado, ya no domina una sola tecnología como en las anteriores, sino que es la suma de nuevas tecnologías como 5G, Inteligencia Artificial, blockchain, datos o criptomonedas. Por otro, Internet ha “hackeado” el orden establecido y ha roto la vinculación entre economía y territorio gracias a la globalización digital y al traspaso de la tecnología a través de fronteras que ahora son líquidas. 

Las posibilidades ilimitadas que ofrecen las nuevas tecnologías e Internet han iniciado una carrera hacia la innovación donde China y Estados Unidos son los dos actuales protagonistas. No obstante, esta carrera se ha traducido en una mayor desconfianza y rivalidad, dando lugar a tendencias “desglobalizadoras”. En este debate, surge la duda de cuál es la posición de Europa en este nuevo orden.

Hasta el momento, Europa intenta mantener buenas relaciones con ambos países sin tender explícitamente a ninguno de ellos. Estados Unidos es un gran aliando y China es un gran socio comercial. No obstante, Alicia Richart destacó que lo relacionado con valores, Europa se acerca más a Estados Unidos. “Con China hay tensión en cuanto a derechos y cambio climático”, lo que entorpece una relación más estrecha, explicó.

En materia tecnológico-económica, Alicia Richart argumentó que Estados Unidos lidera la revolución tecnológica, “dominando con diferencia nuevas tecnologías como Inteligencia Artificial, blockchain y el Internet de las Cosas. En contraste, Belén Romana señaló que Estados Unidos depende de Asia, principalmente de China, ya que son los países que controlan la producción de semiconductores esenciales para el desarrollo tecnológico.

Para Christoph Steck Europa está trabajando activamente en la regulación del mundo digital, influyendo a varios países con el llamado “efecto Bruselas”. En segundo lugar, Ericsson y Nokia -empresas europeas- están haciendo frente a compañías chinas en el despliegue de 5G, mientras que Estados Unidos no tiene ninguna firma puntera en este tema. Finalmente, aunque es cierto que Taiwán, Corea del Sur y China dominan la producción de semiconductores, es Holanda quien fabrica la maquinaria que los produce. Además, Europa es líder en la generación de microprocesadores, disponiendo de los más pequeños del mercado.

Durante este debate, quedó clara la necesidad de reforzar a la Unión Europea para mitigar sus debilidades y potenciar sus fortalezas. Entre las primeras, destacan el debilitamiento de la integración europea, un marco fiscal poco atractivo para inversiones extranjeras, la dependencia en semiconductores, dificultades en el desarrollo de “unicornios” y el déficit de especialización en temas digitales y tecnológicos por parte de los reguladores, tanto nacionales como europeos. Sobre las fortalezas europeas, cabe señalar el importante papel regulatorio europeo y su capacidad para crear estándares internacionales. También son reseñables la amplia experiencia de Europa para llegar a acuerdos internacionales y la predisposición a la colaboración público-privada para ser más resiliente y autónoma.

Europa debe centrarse en sus fortalezas para convertirse en una potencia competitiva capaz de hacer frente a Estados Unidos y China en la nueva era digital.


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