Telecomunicaciones: de infraestructura a arma estratégica

La Organización del Tratado del Atlántico Norte ha publicado por primera vez sus requisitos básicos de resiliencia, que incluyen los “sistemas resilientes de comunicaciones civiles”. Esta publicación llega en un momento en el que Europa afronta una presión creciente derivada de las amenazas híbridas, las campañas de desinformación y los ataques por debajo del umbral del conflicto, lo que obliga al continente a adaptarse a un entorno más hostil que requiere cooperación público-privada para garantizar que el conjunto de la sociedad esté formada y equipada para resistir ataques que van más allá de los propios de un conflicto convencional.

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El principio de resiliencia se fundamenta en el artículo 3 del Tratado del Atlántico Norte, que establece que los firmantes, “mediante la autoayuda y la asistencia mutua continua y efectiva, mantendrán y desarrollarán su capacidad individual y colectiva para resistir un ataque armado”. Para la OTAN, esto implica garantizar una preparación civil sólida, que define mediante tres funciones básicas: la continuidad del gobierno, la continuidad de los servicios esenciales para la población y el apoyo civil a las operaciones militares.

El sector de las telecomunicaciones como socio estratégico

La importancia de las telecomunicaciones se deriva de su papel como dependencia crítica para otros sectores y de su relevancia para las funciones básicas anteriormente definidas. Los servicios públicos, los sistemas de respuesta a emergencias, las redes energéticas, los sistemas de transporte, los servicios sanitarios y las operaciones militares dependen de las infraestructuras de comunicaciones. Por tanto, una interrupción de las telecomunicaciones puede generar efectos negativos en cascada en toda la sociedad y empeorar la capacidad de funcionamiento, lo que convierte al sector en un socio estratégico clave que sustenta tanto la estabilidad social como la capacidad militar.

Sin embargo, la resiliencia tiene un coste, y las ambiciones estratégicas en materia de seguridad y resiliencia deben estar respaldadas por un entorno propicio para alcanzar objetivos importantes. Por otro lado, estas inversiones pueden resultar mucho más barato que los posibles costes que se derivarían de no hacerlo.

Dada esta función esencial, la OTAN establece cinco objetivos dentro de este requisito que configuran unas comunicaciones resilientes:

· Disponibilidad continua de comunicaciones civiles fiables y seguras.

· Realización de evaluaciones de riesgos a escala nacional.

· Visión general de las cadenas de suministro.

· Garantía de acceso prioritario a las redes y servicios de comunicaciones civiles para apoyar tanto la resiliencia de la sociedad como las capacidades militares.

· Capacidades y mecanismos para facilitar la comunicación entre las autoridades y la población civil.

Disponibilidad continua de comunicaciones civiles fiables y seguras

Las redes de comunicaciones son esenciales para prestar apoyo civil a las operaciones militares, facilitar la coordinación entre las autoridades, respaldar las obligaciones de apoyo de la nación anfitriona – definidas en la Doctrina Conjunta Aliada para el Apoyo de la Nación Anfitriona como la “asistencia civil y militar prestada en tiempos de paz, crisis o guerra por una nación anfitriona a las fuerzas de la Alianza” – y permitir que las fuerzas aliadas operen eficazmente. Por tanto, los servicios civiles de comunicaciones fiables, resilientes y seguras deben permanecer disponibles con independencia de las condiciones adversas, a fin de garantizar la continuidad del servicio cuando resulta más necesario, pero también más difícil de mantener.

La guerra de Ucrania ha demostrado que las telecomunicaciones civiles pueden convertirse en un activo estratégico para la defensa. El sistema DELTA, utilizado por las Fuerzas Armadas ucranianas para generar una visión unificada y en tiempo real del campo de batalla, se apoya en redes de comunicaciones, dispositivos móviles, servicios en la nube y tecnologías comerciales para integrar información procedente de drones, sensores y múltiples fuentes de inteligencia. A ello se suma la participación activa de la población civil, que mediante aplicaciones, plataformas digitales y redes de voluntarios contribuye a la generación y compartición de información verificada, convirtiendo la conectividad y la colaboración ciudadana en elementos clave de la resiliencia nacional y de la superioridad operativa.

Evaluaciones nacionales de riesgos

La OTAN solicita evaluaciones nacionales integrales de riesgos que abarquen tanto las vulnerabilidades físicas como las digitales provocadas por ciberataques. Estas evaluaciones deben considerar las consecuencias más amplias de los fallos en las comunicaciones, en particular su impacto en los sectores críticos y en las actividades militares.

Visión general de las cadenas de suministro

Una característica destacada de los requisitos de resiliencia de 2026 es el énfasis en comprender y gestionar las cadenas de suministro de las comunicaciones. La OTAN anima a los Aliados a mantener visibilidad sobre los componentes críticos, los proveedores de servicios, las dependencias respecto de suministradores, las estructuras de propiedad extranjera y los servicios gestionados que resultan esenciales para la disponibilidad de las redes. Por tanto, la resiliencia va más allá de la operación de las redes e incluye garantizar que los equipos, el software, los servicios y los conocimientos especializados necesarios para mantenerlas sigan estando disponibles durante los periodos de interrupción.

Garantizar el acceso prioritario a las redes y servicios de comunicaciones civiles

Las infraestructuras de telecomunicaciones resilientes proporcionan capacidades de doble uso a las sociedades. Por un lado, sustentan el funcionamiento normal de sectores civiles que también son fundamentales para la resiliencia; por otro, constituyen un requisito previo para una disuasión y una defensa eficaces, ya que permiten el mando, la coordinación, el intercambio de información y la continuidad operativa. Por tanto, la conectividad segura es un pilar de las operaciones militares modernas además de la sociedad civil, y garantizar acceso prioritario es esencial.

Mecanismos para facilitar la comunicación entre las autoridades y la población civil

Más allá de apoyar a los gobiernos y a las fuerzas armadas, las telecomunicaciones desempeñan un papel importante en el mantenimiento de la cohesión social durante las emergencias. La OTAN pone énfasis en la necesidad de que las autoridades conserven la capacidad de comunicarse con la población durante las crisis y los conflictos, también mediante sistemas nacionales de alerta y aviso. Unas comunicaciones fiables permiten a los gobiernos emitir alertas, proporcionar instrucciones, distribuir información precisa y contrarrestar la confusión durante las emergencias. En este sentido, la resiliencia contribuye a proteger no solo las infraestructuras, sino también la confianza pública y la estabilidad social.

El modelo representado por DELTA demuestra cómo una plataforma digital puede convertirse en un canal bidireccional de comunicación entre las autoridades y la población en situaciones de crisis o conflicto. Aprovechando las redes de telecomunicaciones civiles y los dispositivos de uso cotidiano, DELTA integra información procedente de múltiples fuentes, incluyendo aportaciones de ciudadanos previamente verificadas, y la pone a disposición de los responsables de la toma de decisiones en tiempo real. Este enfoque permite no solo mejorar la conciencia situacional de las autoridades, sino también incorporar a la población como un sensor distribuido del territorio, reforzando la capacidad de alerta temprana, la coordinación de la respuesta y la resiliencia colectiva frente a amenazas.

Conclusión

El marco de resiliencia de la OTAN para 2026 señala que el sector de las telecomunicaciones es un socio estratégico clave situado en el centro de la seguridad nacional y colectiva. En este ámbito, capacidades como la red SIRDEE, actualmente inmersa en su evolución hacia servicios de banda ancha, constituyen un elemento fundamental para dotar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y a los servicios de emergencia de comunicaciones seguras, de alta disponibilidad y preparadas para el intercambio masivo de datos, vídeo y aplicaciones críticas. A ello se suma Séneca, la plataforma de Telefónica para la gestión y coordinación avanzada de emergencias, que facilita el intercambio de información entre organismos y mejora la conciencia situacional en tiempo real. Complementariamente, sistemas de alerta pública como ES-Alert permiten establecer un canal directo, inmediato y geolocalizado entre las autoridades y la población, garantizando la difusión de avisos e instrucciones críticas ante situaciones de emergencia.

En conjunto, estas capacidades constituyen la base de un ecosistema digital de resiliencia nacional que refuerza la coordinación institucional, acelera la respuesta operativa y acerca a España a modelos avanzados de colaboración entre autoridades, operadores de telecomunicaciones y ciudadanía. Tanto Telefónica como la OTAN consideran que, dado que las sociedades modernas están cada vez más interconectadas y dependen de las infraestructuras digitales, garantizar la disponibilidad, la seguridad y la fiabilidad de las redes de telecomunicaciones no es un elemento más, sino espina vertebral de la resiliencia.

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