Cables submarinos, Internet bajo el agua

Nada sería como lo conocemos si no fuera por la existencia de los cables submarinos y toda la infraestructura que hay detrás

22/12/2021

Este pasado septiembre los medios de comunicación se hacían eco de la llegada a la playa de Sopelana (Vizcaya) del llamado cable submarino Grace Hopper, que conecta Estados Unidos con el Reino Unido y España, un hecho que no por ser noticioso es nuevo.

Y es que los océanos y mares tienen desde hace ya más de un siglo y medio a los cables marinos como parte de sus habitantes. Nada sería como lo conocemos si no fuera por la existencia de los cables submarinos y toda la infraestructura que hay detrás, que incluye miles y miles de metros bajo el mar de cobre y fibra óptica.

No hay que olvidar que en torno al 99% del tráfico mundial de internet viaja a través de cables submarinos.

El primer cable transoceánico

Fue en 1858 cuando se produjo la primera conexión entre continentes a través de cables. Unió Irlanda con la isla de Terranova (Canadá), por medio de dos barcos que se encontraron en medio del Atlántico, para tirar más de 4.000 Km. de cable. 

Tras subsanar múltiples problemas, 11 días después de unir ambos continentes, se pudo enviar el primer mensaje: una carta de felicitación de la reina Victoria al entonces presidente estadounidense James Buchanan. A pesar de que el mensaje tardó en llegar 17 horas a sus destinatarios, se consideró un gran éxito.

Hasta entonces, el primer intento de cable submarino fue el que unió Gran Bretaña y Francia en 1950, que fue cortado accidentalmente por un pescador a los pocos días de ser instalado. En 1955 ya había instalados en todo el mundo más de una veintena de cables submarinos.

Tampoco duró mucho el cable que unió Irlanda y Terranova, debido a una sobrecarga y la consiguiente ruptura del mismo, aunque en 1866 ya tuvo sustituto con distintas mejoras. Este punto supuso el inicio de un largo y lento camino en la unión submarina entre los dos lados del Atlántico, y cuyo último protagonista es el Grace Hopper.

Mejora continua

Desde el siglo XIX a la actualidad, ha cambiado mucho todo lo que envuelve al cableado submarino. Aquel cable pionero para la telegrafía dió paso al de la telefonía, cuyo primer cableado transoceánico data de 1956, con el llamado Transatlantic No. 1 (A-1), que permitió la conexión entre Europa y América, por medio de 36 líneas telefónicas.

Este cable, que pronto tuvo a su hermano, el TAT-2, incluía aislantes plásticos más eficaces, repetidores amplificadores sumergidos con suministro de energía que agiliza el envío y recepción de la información a través de los cables, y posteriormente los pares coaxiales, que aumentaron exponencialmente el número de canales disponibles para las llamadas intercontinentales.

No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando apareció la fibra óptica para sustituir al cobre. Fue en 1988 cuando se instaló el primero de los cables de fibra óptica, que incluía tres cables de fibra, y que permitía una velocidad de transmisión de 20 Megabits por segundo.

Experiencia española

En España, el primer cable de fibra óptica fue el OPTICAN-1, un proyecto experimental de telefónica (entonces Compañía Telefónica Nacional de España) con AT&T que unió Las Palmas de Gran Canaria con Tenerife, cuyos trabajos se iniciaron en 1985.

Este proyecto, cuyo objetivo no fue otro que el de testar dicha tecnología, fue uno de los primeros en utilizar repetidores de señal en trazados de aguas profundas. Incluyó tres pares de fibras que estaban rodeadas de un tejido elástico para su protección, además de hilos de acero que, a su vez, estaban recubiertos por un malla de cobre para alimentar los repetidores de señal al inyectar una corriente sobre dicha malla.

Al éxito de este proyecto, le siguieron otros como el que unió la Península y las islas Baleares (PEMBA III) o el PEMBAL IV, esta vez entre la Península y las islas Canarias. Otro hito en las telecomunicaciones en España fue el trazado que unió Almería y Melilla, con 200 kilómetros sin repetidores y que supuso un récord de distancia cubierta sin esta ayuda.

En 2011 se dio otro salto en las comunicaciones entre la Península y las Canarias, con el PENCAN 8 a través de Cádiz y Tenerife, y que incluye velocidades de 5,2 Terabits por segundo.

Marea, un nuevo hito

Dentro de la cronología histórica del cableado submarino en España, el proyecto Marea, que permitió tender un cable entre España y Estados Unidos, tiene un hueco muy importante en la historia.

Promovido por Facebook y Microsoft con la colaboración de Telefónica, supuso más de 6.600 Km. de cable de una fibra óptica de ocho pares, desde Virginia Beach a Sopelana, con 20 tbps de capacidad, uno de los cables de mayor capacidad del mundo.

Marea rompió en 2017 con la sequía de los últimos años, en los que las conexiones por el Atlántico tenían como destino en el sur de Europa o Portugal o Francia. 

Su tecnología abierta permite instalar equipamiento de distintos proveedores, así como adaptarse a las innovaciones tecnológicas. Además, puede mover unos 80 millones de vídeos a la vez o más de 5.000 millones de conversaciones simultáneas de voz sobre IP, y tarda medio segundo en mandar 10 discos duros enteros de 1 terabyte cada uno. 

Grace Hopper, un nuevo hito

La localidad vizcaína de Sopelana volvió en septiembre a ser testigo de la llegada del Grace Hopper que unirá España con Shirley (Nueva York) y Bude (Reino Unido). 

Un cable de 16 pares de fibras, que se espera esté en funcionamiento a lo largo de 2022 y cuyo amarre estuvo dirigido por Telxius.

El cable, diseñado para aumentar la fiabilidad del servicio y ofrecer altos niveles de velocidad y flexibilidad de la red, mejorará la infraestructura general de telecomunicaciones europea.

El Grace Hopper utiliza una novedosa tecnología de “conmutación de fibra”, que encamina el flujo de datos de forma más eficaz para esquivar ralentizaciones y cortes.

España, puerta de entrada

Pero no sólo hay que hablar de las conexiones con EEUU, España es puerta de entrada a Europa desde América Latina, al igual que para África y en camino a Oriente Medio.

En este sentido, destaca el paso por España, en concreto Estepona (Málaga), del cable FLAG/FEA, que cuenta con unos 28.000 Km. de recorrido, y que conecta Japón con Reino Unido, con paso por Tailandia, India, Emiratos Árabes, Jordania, Egipto o Italia. 

Se trata de un mercado en clara expansión, como lo muestra el informe de Research and Markets “Submarine Optical Fiber Cables” que señala que el mercado global de cables de fibra óptica submarina llegará a los 30.800 millones en 2026, creciendo a una tasa anual del 14,3%.

Dentro de la inversión prevista en los próximos años, uno de los grandes proyectos de cableado marino es el 2Africa, financiado por Facebook y varias compañías de telecomunicaciones, que con unos 37.000 Km., conectará Europa, con escala en Cataluña, con Asia, Oriente Medio y África.

Todas estas conexiones marinas son un claro ejemplo de que el mundo hiperconectado en el que vivimos demanda cada día más infraestructuras que sean capaces de transportar los datos con mayor velocidad y menor latencia.

El millón de kilómetros desplegados que se estima que ahora existe bajo el agua, al igual que el número de cables, cifrado en unos cuatrocientos, se quedarán pequeños en las próximas décadas.


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