Las tecnologías cuánticas han pasado de ser una promesa teórica a una necesidad estratégica. Las implicaciones para Europa son evidentes: ya no se trata solo de liderazgo científico, sino de soberanía digital, resiliencia y competitividad.
Aunque la UE alberga aproximadamente el 32% de las empresas cuánticas del mundo, persiste una brecha estructural. Europa representa solo el 6% de las patentes cuánticas globales – frente al 46% de China y el 23% de EE. UU. – y en 2024 atrajo apenas el 5% del capital privado mundial, mientras que el 50% se dirigió a Estados Unidos.
Un momento decisivo para las ambiciones cuánticas de Europa
La UE ha invertido más de 2.000 millones de euros en tecnologías cuánticas, una de las mayores apuestas públicas del mundo. Sin embargo, la financiación sigue fragmentada, lo que limita la escalabilidad y el impacto industrial. Prevista su adopción en 2026, el Quantum Act europeo tiene como objetivo cerrar la brecha entre excelencia científica y capacidad industrial de Europa, acelerando el despliegue de tecnologías cuánticas y reforzando la resiliencia a lo largo de toda la cadena de valor cuántica.
Su valor añadido residiría en agilizar los mecanismos de gobernanza, reducir la fragmentación entre las iniciativas nacionales y europeas y optimizar el uso de los instrumentos destinados a atraer inversión privada. El principal reto no es la carencia de herramientas, sino la necesidad de mejorar su coordinación, accesibilidad y alineación con las necesidades reales de despliegue.
La doble naturaleza de la revolución cuántica
Los computadores cuánticos están especialmente concebidos para simular sistemas regidos por la mecánica cuántica, una idea formulada por Richard Feynman hace más de 45 años, y una tarea que plantea limitaciones fundamentales para los ordenadores clásicos. Al operar conforme a las mismas leyes que la naturaleza, los computadores cuánticos pueden modelizar de forma directa sistemas con múltiples partículas entrelazadas e interacciones complejas, superando así las capacidades de la computación clásica.
Todo ello convierte a la simulación cuántica en una de las aplicaciones con mayor relevancia económica de la computación cuántica, con un potencial transformador para sectores como la industria farmacéutica, las tecnologías de baterías, las células fotovoltaicas, los materiales avanzados y la química. Es previsible que estos servicios se ofrezcan mayoritariamente a través de infraestructuras en la nube. Otras áreas relevantes incluyen las comunicaciones seguras y las tecnologías de sensórica avanzada.
Al mismo tiempo, la computación cuántica introduce riesgos significativos. Sistemas cuánticos con capacidad suficiente podrían comprometer gran parte de la criptografía de clave pública actualmente utilizada, que constituye la base de las comunicaciones seguras en internet.
En una entrevista reciente, Scott Aaronson subrayó los avances de precisión de los qubits y de las técnicas de corrección de errores, ironizando sobre la “recompensa” de aproximadamente 200.000 millones de dólares de las primeras carteras de Bitcoin, a la espera de quien logre construir los primeros ordenadores cuánticos capaces de descifrar claves criptográficas. Esta anécdota pone de relieve una realidad crítica: la amenaza que plantea la computación cuántica para la seguridad global ha dejado de ser un escenario especulativo a largo plazo para convertirse en una prioridad estratégica inmediata.
El Quantum Act y la paradoja de la seguridad
La computación cuántica genera una auténtica paradoja de seguridad. Por ello el Quantum Act debe integrar plenamente tecnologías relacionadas con la protección criptográfica, como la criptografía post-cuántica (PQC), junto con la Distribución Cuántica de Claves (QKD), permitiendo arquitecturas híbridas que combinen enfoques clásicos y cuánticos. Esta transición tecnológicamente neutral, alineada con la Hoja de Ruta Europea para la Criptografía Post-Cuántica, cuyo despliegue comenzará en 2026, es esencial para garantizar infraestructuras digitales seguras, interoperables y preparadas para el futuro.
El éxito del Quantum Act dependerá de cuán holísticamente aborde Europa el desafío cuántico. Una lección es clara: el Quantum Act no puede desarrollarse al margen de la disrupción criptográfica provocada por la computación cuántica.
Pilar 1. Marco de innovación: transformando la financiación pública en catalizador industrial
La UE debe mantenerse a la vanguardia de las tecnologías cuánticas emergentes y de aplicaciones relacionadas, especialmente en sensórica cuántica, seguridad y comunicaciones, orientando la financiación pública más allá de la investigación básica hacia el despliegue, la escalabilidad y la adopción comercial. Esto exige reforzar los vínculos entre la investigación y la industria, incluyendo el apoyo a proyectos con niveles TRL más altos, programas conjuntos entre la industria y el ámbito académico, y actividades alineadas con el capital riesgo y los ecosistemas de startups (ej., Wayra: vídeo sobre tendencias cuánticas para 2026 – ecosistema startups y Telefónica).
El marco debe priorizar infraestructuras y tecnologías donde Europa tenga ventajas competitivas claras, promover la cooperación internacional y reforzar la transferencia tecnológica mediante la participación directa de empresas y apoyo específico a la estandarización, la valorización de la propiedad intelectual y el desarrollo de deep-tech. El Quantum Flagship debe mantener un rol central como plataforma europea para excelencia científica, madurez industrial e inversión coordinada.
Pilar 2. Capacidad industrial e inversión “made in the EU”: del laboratorio al impacto real
La UE debe proporcionar apoyo a largo plazo en comunicaciones y computación cuánticas a través de esquemas de inversión público–privados, incluidos consorcios liderados por la industria, IPCEI simplificados y bonos estratégicos orientados a seguridad. La financiación debe ir más allá del I+D y cubrir pilotos, pruebas, certificación y despliegue de infraestructuras cuánticas seguras, ya que los modelos de cofinanciación actuales suelen ser insuficientes para tecnologías de alto capital.
El Quantum Act debe permitir mayor intensidad de financiación, siguiendo precedentes como el despliegue de banda ancha, y establecer programas específicos (ej. EuroQCI), con mayor cofinanciación pública para infraestructuras de alto coste. También son esenciales los incentivos a la adopción y una compra pública innovadora, que priorice las tecnologías europeas para reforzar la soberanía digital, las comunicaciones seguras y la autonomía digital de Europa.
Pilar 3. Resiliencia de la cadena de suministro, gobernanza y capacidades
La UE debe apoyar infraestructuras europeas quantum-safe, computación, comunicaciones resilientes y sensórica, al tiempo que protege los componentes críticos. El despliegue quantum-safe debe ser interoperable a nivel europeo, y el Quantum Act debe cubrir tanto las tecnologías cuánticas como las habilitadoras, como la criptografía post-cuántica (PQC).
La estandarización, la protección de la propiedad intelectual europea y la disponibilidad de licencias en condiciones justas son fundamentales para garantizar un ecosistema competitivo y soberano, junto con una participación activa en los organismos globales de estandarización. Las capacidades y el talento deben constituir una prioridad transversal, respaldadas por un apoyo sostenido a la formación, la actualización profesional y la especialización, con especial atención a la seguridad post-cuántica.
El papel de la industria: Telefónica como socio de confianza
La implicación temprana de Telefónica en tecnologías cuánticas la sitúa a la vanguardia. Telefónica ha creado un Centro de Excelencia dedicado a tecnologías cuánticas. La compañía ya está avanzando hacia redes y servicios Quantum-Safe mediante la integración de una capa adicional de protección basada en tecnologías resistentes a ataques cuánticos, combinando métodos criptográficos tradicionales y criptografía post-cuántica (PQC).
Más allá del laboratorio, Telefónica también impulsa tecnologías futuras como la Distribución Cuántica de Claves (QKD), desplegándola de forma operativa en la red EuroQCI para acelerar su madurez. Recientemente ha lanzado Interconexión CPDs, el primer servicio de comunicaciones entre centros de datos en España protegido con criptografía post-cuántica y compatible con QKD.
En resumen, Telefónica colabora con una amplia red de socios, integrándolos en un ecosistema cuántico. Así, en el MWC25 se presentaron diversos casos de uso, incluyendo alianzas con fabricantes de computación cuántica y colaboraciones como la realizada con la Diputación Foral de Bizkaia.
De la estrategia al crecimiento: una visión holística para el futuro cuántico de Europa
El Quantum Act es una prueba de la capacidad de Europa para responder estratégicamente a una disrupción tecnológica. Su éxito dependerá de un diseño organizativo y financiero pragmático.
Adoptando un enfoque holístico, integrando tecnologías cuánticas y asociadas, alineándose con las hojas de ruta de criptografía post-cuántica y cerrando la brecha entre investigación y despliegue, Europa puede convertir el riesgo cuántico en oportunidad. Alinear la financiación con las necesidades reales de despliegue, usar instrumentos financieros innovadores y aprovechar la contratación pública innovadora serán claves para evolucionar de la estrategia al crecimiento.
En última instancia, seguridad, resiliencia y competitividad son inseparables. El Quantum Act puede garantizar que las tecnologías cuánticas y criptográficas no solo se desarrollen en Europa, sino que también se desplieguen, escalen y generen valor, fortaleciendo la soberanía y la competitividad europea.






