Hay un momento en cualquier ciclo tecnológico en que los medios pasan de «esto es increíble» a «esto está sobrevalorado» a «ah, esto es lo que realmente es». Con la IA generativa llevamos un tiempo en la segunda fase, pero creo que estamos muy cerca de la tercera.
Las IAs están madurando. Y la maduración significa que ya no se evalúan solo por benchmarks, sino por cómo encajan en procesos reales, en organizaciones reales, con personas reales detrás.
Lo que está algo sobrevalorado
La narrativa de «la IA más lista del mundo» cambia cada cuatro o seis semanas y aporta poco a quien tiene que tomar decisiones reales.
ChatGPT no está sobrevalorado como herramienta, pero sí como «ganadora universal». Es la más versátil, pero no la mejor en cada categoría. Y a veces la gente lo usa para tareas donde otra herramienta sería claramente más adecuada, simplemente porque es la que conocen.
Copilot tampoco está sobrevalorado si entiendes que su valor es la integración. Está sobrevalorado cuando alguien espera que sea el cerebro más avanzado del mercado. No va de eso.
Lo que está claramente infravalorado
NotebookLM, para la mayoría de profesionales que trabajan con documentación, está muy por debajo de su adopción real. La gente que lo prueba bien raramente vuelve a trabajar sin él.
Qwen, en entornos técnicos, está recibiendo mucha más atención especializada de la que tiene en conversaciones públicas. Sus capacidades en código y razonamiento matemático son serias.
Mistral, en el contexto europeo de soberanía tecnológica, está enormemente subestimado fuera de los círculos especializados. Y con la aplicación progresiva de la Ley de IA de la UE, esa ventaja va a ser cada vez más importante.
Europa: la variable que más se ignora en las conversaciones sobre IA
La Ley de IA de la UE, en vigor desde agosto de 2024, está obligando a empresas de todo el mundo a replantearse sus arquitecturas de IA. Clasifica los sistemas según nivel de riesgo: desde los prohibidos, como la vigilancia masiva o la manipulación subliminal, hasta los de alto riesgo en ámbitos como la salud, el empleo o la educación.
Pero más allá de la regulación, hay una pregunta de fondo que cada vez más organizaciones se hacen: ¿dónde está mi dato, quién lo procesa y bajo qué leyes? Eso no es solo una cuestión técnica. Es una cuestión de confianza.
Anthropic empezó a ofrecer residencia de datos en la UE para Claude a través de su API en agosto de 2025. Mistral lo ofrece de forma nativa. Google y Microsoft tienen opciones de cloud europeo. Pero el marco va a seguir endureciéndose, y las organizaciones que no se hayan planteado esta variable se van a encontrar con sorpresas desagradables.
Dónde va esto en dos años
Si me obligaras a hacer una apuesta sobre cómo estará el mapa en 2028:
ChatGPT seguirá siendo un gran centro de gravedad por versatilidad y ecosistema, pero perderá cuota en el segmento profesional a favor de Claude, que ya lidera en ese terreno.
Gemini puede crecer mucho si Google convierte su ventaja de integración en una experiencia más visible para el usuario no técnico. La infraestructura está. Falta el UX.
El bloque abierto —Llama, Mistral, Qwen— no va a desaparecer sino a volverse más relevante. Ninguna economía grande va a querer depender por completo de un puñado de modelos cerrados.
Y el cambio más grande de todos no será un nuevo modelo: será la normalización de los agentes. Cuando automatizar un proceso complejo deje de ser un proyecto de IT y se convierta en algo que puede hacer cualquier persona desde su aplicación habitual, la forma de trabajar va a cambiar de forma permanente.







