La telemedicina puede reducir la mortalidad y descongestionar los servicios de urgencias

Un estudio publicado en bmj.com afirma que, para las personas con enfermedades crónicas, la telemedicina puede reducir la mortalidad y evitar a los pacientes tener que acudir al hospital ...

06/07/2012

Redacción

Redacción

Un estudio publicado en bmj.com afirma que, para las personas con enfermedades crónicas, la telemedicina puede reducir la mortalidad y evitar a los pacientes tener que acudir al hospital para recibir atención de urgencia. No obstante, según sus autores, el ahorro que supone en costes hospitalarios es modesto y puede no bastar para compensar el coste de la tecnología.

 

La telemedicina utiliza la tecnología para ayudar a que los pacientes sigan viviendo en casa con un mayor grado de independencia. Por ejemplo, contar con un equipo para medir en casa la presión sanguínea o los niveles de glucosa en sangre y transmitir electrónicamente estos resultados a un profesional sanitario pueden reducir las visitas al hospital.

 

Se han realizado varios estudios sobre el impacto de la telemedicina en los enfermos crónicos, pero los resultados han sido parcialmente contradictorios. Mientras que algunos apuntan que la telemedicina puede ayudar a los pacientes a entender mejor su situación y se traduce en una atención más adecuada y de mejor calidad, así como en un uso más eficiente de los recursos sanitarios, otros estudios han obtenido resultados negativos.

 

Valorar la magnitud de dicho efecto es complejo. Por eso, un equipo internacional dirigido por investigadores de Nuffield Trust se propuso evaluar la repercusión del uso de la telemedicina en hospitales sobre una muestra 3.230 pacientes con enfermedades crónicas (diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o insuficiencia cardiaca) durante un año.

 

Este es uno de los estudios sobre telemedicina más grandes que se han realizado hasta el momento.

 

Los pacientes se dividieron aleatoriamente en dos grupos. Un total de 1.570 pacientes del grupo de intervención recibieron los dispositivos necesarios para monitorizar su estado en casa y transmitir los datos a los profesionales sanitarios y formación para utilizarlos. Los otros 1.584 pacientes del grupo de control recibieron la atención habitual.

 

Durante la duración del estudio el número de pacientes que tuvieron que ser atendidos en el hospital fue significativamente menor en el grupo de intervención (43%) que en el grupo de control (48%). Asimismo, la mortalidad fue significativamente menor en el grupo de intervención (4,6%) que en el grupo de control (8,3%). Esto equivale a aproximadamente 60 vidas en 12 meses.

 

También hubo diferencias estadísticamente significativas en el promedio de ingresos hospitalarios de urgencia per cápita (0,54 en el grupo de intervención, frente al 0,68 en el grupo de control) y la duración media de la estancia en el hospital per cápita (4,87 días para el grupo de intervención, frente a 5,68 días para el grupo de control), aunque los autores advierten que estos resultados deberían interpretarse con cautela.

 

Estas diferencias siguieron siendo significativas después de ajustar diversos factores que podrían haber influido en los resultados. No obstante, los autores señalan que estos efectos parecen estar relacionados con un aumento a corto plazo de las visitas al hospital entre los pacientes del grupo de control por razones no determinadas.

 

Asimismo, los autores advierten de que el ahorro de costes previsto es pequeño.

 

Los resultados, según los autores, apuntan a que la telemedicina redujo la mortalidad y evitó que los pacientes acudieran a los servicios de urgencias del hospital. La razón puede ser porque la telemedicina ayuda a los pacientes a gestionar mejor su enfermdad y evitar un empeoramiento de los síntomas que podría requerir atención de urgencia. Otra posibilidad es que la telemedicina cambia la percepción de las personas sobre cuándo necesitan asistencia sanitaria.

 

No obstante, los autores subrayan que estas ventajas tienen que equilibrarse con el coste de la tecnología y el nivel de ahorro que podría conseguirse.

 

En un editorial que acompaña al estudio, Josip Car, Director de la Unidad Global de eSalud del Imperial College de Londres, y sus colaboradores sostienen que los resultados de este estudio no se traducirán en una implantación a gran escala de la telemedicina sino más bien en un estudio más minucioso de sus beneficios.

 

Aunque se pueden identificar algunos factores que podrían ser , afirman que “es necesario una interpretación más clara sobre el peso relativo de cada uno de estos elementos” en el éxito de la telemedicina.

 

A continuación, sugieren que los responsables políticos y los asesores técnicos deberían garantizar que la agenda de investigación en este área se centra en las áreas en las que es más prometedora. “Tiene un gran potencial, pero también hay todavía mucho por hacer”, concluyen.

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