La creación de redes de comercio digital, una oportunidad que no podemos desaprovechar

El comercio digital necesita un marco definido que abarque todo el ecosistema digital, incluido el sector de las telecomunicaciones.

Camiones y contenedores administrando la mercancía.

Ahora, más que nunca, las políticas comerciales deben afrontar los retos globales. El papel que pueden desempeñar en la lucha contra el cambio climático, la transformación de la economía circular, el uso más eficiente de los recursos o el aumento de la solidaridad entre las naciones puede ser notorio. El fortalecimiento de las cadenas de valor mundiales se convierte en condición “sine qua non” para volver a construir sociedades y economías más sostenibles y resilientes a la par que promover las transiciones gemelas, digital y verde. A la luz de los nuevos desafíos globales, es vital repensar y fortalecer la globalización y el multilateralismo como pilares de las relaciones internacionales.

En este contexto, Business at OECD (BIAC) ha elaborado el documento “Building Back Better Trade”, que establece cuáles deberían ser las prioridades del comercio mundial. Esta publicación se concibe en un momento en el que la arquitectura de las economías y las sociedades se está rediseñando.

El comercio digital puede reforzar la resistencia y solidez de las cadenas de valor mundiales

Durante años, la globalización estuvo en entredicho y los beneficios del comercio se vieron mermados por la ineficacia de la cooperación y la gobernanza mundial. El comercio internacional no fue capaz de adoptar plenamente las normas modernas que definen las prácticas comerciales internacionales reales.

Hasta ahora, la continua transformación que define el comercio digital y las profundas divergencias geopolíticas lo convertían en una utopía. Paradójicamente, esto ayudó a crear el caldo de cultivo que podría significar un importante impulso para nuestras economías a través de iniciativas comerciales con una mayor liberalización del comercio de servicios, el comercio digital y la contratación pública. La digitalización sigue cambiando la forma en que se organizan las cadenas globales de valor (CGV) y las redes de producción. Esta tendencia a la digitalización permite aumentar la eficiencia y la resiliencia, y abre nuevas oportunidades para modelos empresariales innovadores.

Las infraestructuras digitales son esenciales para la fluidez de las cadenas de valor

En el ecosistema digital, las redes de telecomunicaciones son las vías que conducen a la aspiración de una infraestructura tecnológica globalizada. Sin embargo, esta visión se está invirtiendo; los gobiernos están revisando el mundo globalizado de la tecnología y fragmentando Internet en su base tecnológica. Esto conlleva importantes riesgos, poniendo en peligro el funcionamiento de las CGV y afectando significativamente al comercio internacional.

El desarrollo y la adopción de normas comunes pueden ser un instrumento vital para abrir las cadenas de valor estratégicas en favor de un ecosistema diverso e innovador que garantice la interconexión y la interoperabilidad. De hecho, el desarrollo de la infraestructura digital es necesario para fomentar la digitalización de las CVM. Para avanzar en el reconocimiento y el despliegue de normas internacionales y garantizar las buenas prácticas de regulación, la OCDE podría facilitar espacios de debates y el entendimiento común entre los negociadores comerciales y los reguladores.

En cuanto a las negociaciones sobre comercio electrónico de la OMC, la OCDE debería seguir aportando pruebas sólidas sobre cuestiones críticas y pendientes. Una vez más, debemos destacar la importancia de actualizar el documento de referencia de la OMC sobre los servicios de telecomunicaciones para reflejar los importantes avances que se han producido en el mercado desde la década de 1990, a fin de garantizar la igualdad de condiciones entre los actores de la cadena de valor de la economía digital.

La política comercial necesita reflejar las necesidades de negocio actuales

Sobre todo, la coherencia normativa internacional y la seguridad jurídica en igualdad de condiciones deben ser el primer paso para el desarrollo del comercio digital. Entre sus recomendaciones, BIAC anima a los gobiernos a avanzar en todo el ámbito del comercio de servicios. Las negociaciones sobre este tema, como la actual Iniciativa Conjunta sobre la regulación nacional en el ámbito de los servicios de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la Regulación Nacional y el Comercio Electrónico, tienen el potencial de basarse en las normas existentes y abrir aún más los mercados extranjeros para los exportadores de servicios.

Gráfico de barreras regulatorias al comercio por sectores.
Gráfico de barreras regulatorias al comercio por sectores.

En todo el G20, un objetivo declarado ha sido mejorar las regulaciones nacionales de los servicios. Si las disciplinas consideradas en las IDC se aplicaran por completo en los países del G20, los impedimentos al comercio, medidos por el Índice de Restricción del Comercio de Servicios de la OCDE, podrían reducirse hasta en un 24%. La mayoría de las barreras podrían eliminarse en muchos sectores, como los servicios de telecomunicaciones. De este modo, la racionalización de la normativa nacional fomentaría el comercio digital. Para maximizar los beneficios que ofrecen la digitalización y la innovación tecnológica, una reforma política específica debería identificar los cuellos de botella y las mejores prácticas de regulación. El impulso que esto supondría para el comercio real de servicios no es desdeñable.

A lo largo del documento, BIAC declara su firme apoyo a las negociaciones plurilaterales de la OMC en curso sobre los aspectos del comercio electrónico, esperando que se produzcan avances en los debates políticos internacionales sobre el flujo de datos transfronterizo. En este sentido, la OCDE destaca que las restricciones al flujo de datos y las medidas de localización forzosa podrían aumentar los riesgos cibernéticos, impactar en el bienestar de los clientes y afectar a la competencia.

La OCDE subraya que las restricciones al flujo de datos y las medidas de localización forzosa podrían aumentar los riesgos cibernéticos, repercutir en el bienestar de los clientes y afectar a la competencia. Por lo tanto, un acuerdo global sobre el uso, el tratamiento y el almacenamiento de datos es deseable para crear seguridad jurídica para las empresas y proteger la privacidad, permitiendo al mismo tiempo la interoperabilidad entre los diferentes regímenes de protección de datos. En este proceso, las medidas políticas y regulatorias no deberían crear barreras y requisitos gravosos para el comercio digital, limitándose a la protección de los datos personales.

Aliviar los obstáculos administrativos, nivelar el campo de juego y asegurar la certidumbre regulatoria son elementos que pueden contribuir a reconstruir un mejor comercio, incentivar la inversión y beneficiar a los consumidores. Las negociaciones plurilaterales en curso deberían tener una visión más amplia de la economía digital, más allá del “comercio electrónico”, y definir un marco que abarque todo el ecosistema digital, incluidas las normas para el sector de las telecomunicaciones. Tener en cuenta las diferentes perspectivas que definen el comercio digital y establecer un marco conveniente, ayudará a reconstruir mejor, no solo el comercio, sino el conjunto de nuestras economías y sociedades. Esta oportunidad no puede perderse.


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