Su conclusión fue tan simple como poderosa: cuando el deseo de acuerdo supera el deseo de verdad, la inteligencia colectiva se desploma. Por eso, las organizaciones que valoran más la armonía que la honestidad acaban siendo menos innovadoras, menos adaptables y, a menudo, menos acertadas. En innovación esto ocurre más de lo que parece: el equipo se enamora demasiado pronto de su idea y nadie quiere ser el “aguafiestas” que pone peros.
Se confunde crítica con falta de compromiso, por eso hay ciertas culturas o estilos de liderazgo que son incompatibles con la innovación más disruptiva.
Para contrarrestar esto los buenos equipos han adoptado 𝗟𝗮 𝗿𝗲𝗴𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗶𝘀𝗲𝗻𝘀𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗮𝗿𝗶𝗼: “𝘚𝘪 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘵á𝘯 𝘥𝘦 𝘢𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰, 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘣𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘰𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘥𝘰 𝘢 𝘥𝘪𝘴𝘤𝘳𝘦𝘱𝘢𝘳.”
Tres enfoques clásicos
- El abogado del diablo: es una figura que busca deliberadamente los puntos débiles de una idea. Tiene su origen en la Iglesia Católica donde, antes de canonizar a alguien, se nombraba a un advocatus diaboli cuyo trabajo era buscar todos los argumentos en contra de la santidad de la persona.
- El disenso constructivo – cuestionar con respeto y rigor como parte del proceso. En ciertas empresas punteras se considera una competencia clave.
Hoy te voy a contar unas pautas sencillas para incorporarlo a tu caja de herramientas como líder de equipos de innovación.
- Crear una cultura donde discrepar sea seguro. Y cuando digo seguro es seguro, sin necesidad de anonimato.
- Asigna el rol crítico en cada decisión relevante.
- Rótalo: todos deben pasar por él.
- Basa el debate en evidencia, no en jerarquía.
- Documenta los aprendizajes.
Recuerda que el objetivo es pensar mejor juntos. Innovar no es estar de acuerdo, es ver más allá. El disenso bien gestionado, es un acelerador invisible de la innovación.
Conclusiones
En resumen, los equipos más innovadores y eficaces no eliminan el conflicto, lo gestionan bien. No son los que siempre están de acuerdo, sino los que saben desafiar ideas (no personas), discrepar con inteligencia y respeto.






