El liderazgo europeo en conectividad exige colaboración y coherencia en la regulación

La visión del liderazgo europeo en conectividad digital debe ser complementaria y coherente con la política de competencia y la práctica reguladora en el sector de las telecomunicaciones.

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La Unión Europea tiene amplias aspiraciones digitales. Iniciativas como la Brújula Digital, con los objetivos de la Década Digital o el programa “Camino a la era digital”, evidencian este deseo de la Unión por potenciar el liderazgo digital de la región. Sin embargo, ya tuvimos ambiciosos objetivos antes con la Agenda Digital 2020 y la Sociedad del Gigabit 2025 que, o no se consiguieron, o es evidente que no podremos alcanzar en la fecha estimada.

La pregunta natural que surge entonces es si esta vez realmente podremos cumplir con lo prometido en tiempo y forma: ¿seremos capaces de superar las barreras que impiden impulsar el liderazgo digital europeo? Esta cuestión se debatió intensamente en el “Foro de Telecomunicaciones y Medios de Comunicación de Bruselas 2022”, organizado por el Instituto Internacional de Comunicaciones (IIC).

Hana Továrková, (Presidenta del Consejo Oficial de Telecomunicaciones de la República Checa), Marc Vancoppenolle (Vicepresidente y jefe global de Asuntos Gubernamentales Internacionales, Nokia), Natalia Vicente (Asociación Mundial de Operadores de Satélites, GSOA), Martin Duckworth (Director, Frontier Economics) y Juan Montero (Director de Políticas Públicas, Competencia y Regulación, Telefónica) participaron en la sesión “Cerrar la brecha digital en Europa: ¿es la caja de herramientas de la conectividad la respuesta?” para abordar esta cuestión.

De izquierda a derecha: Natalia Vicente, Martin Duckworth, Hana Továrková, Juan Montero y Martin Duckworth.

Juan Montero identificó dos claves para el cumplimiento de los objetivos marcados por la Unión Europea: la coherencia y la colaboración. Estos atributos son especialmente importantes en las decisiones que se acuerden sobre política de competencia y en la regulación del sector de las telecomunicaciones.

Un marco regulatorio y de competencia acorde al contexto actual

Existe un déficit de inversión de 150.000 millones de euros para actualizar la infraestructura fija a velocidades de gigabit y se necesitarán 150.000 millones de euros adicionales para permitir la cobertura 5G en todos los rincones poblados de la UE, según estiman la Asociación Europea de Operadores de Redes de Telecomunicaciones (ETNO, por sus siglas en inglés) y Boston Consulting Group. Para que esto suceda, “la política de competencia necesita orientarse para permitir estructuras de mercado sostenibles a nivel nacional”, señalaba el ejecutivo de Telefónica.

Este es un elemento necesario para que los actores de las telecomunicaciones ganen escala. Con ello, los usuarios y las empresas obtendrán servicios mejores y de mayor calidad, dejando atrás un contexto marcado por la fragmentación y un sobredimensionamiento artificial del número de actores en cada mercado, lo que afecta a la capacidad de inversión.

En este sentido, “la regulación sectorial también debería evolucionar”, apuntaba Montero. Hasta ahora, se ha mantenido el enfoque regulatorio basado en la reducción de las barreras de entrada y los precios bajos para los consumidores como un beneficio inmediato en sí mismo. A cambio, se ha abocado al sector de las telecomunicaciones europeo hacia una espiral descendente que ya no es sostenible.

De 2011 a 2020, los ingresos del sector de las telecomunicaciones en Europa disminuyeron un 29%, mientras que en Estados Unidos han aumentado un 20%. Estos datos convierten al sector de las telecomunicaciones europeo en el único deflacionista en un contexto económico en el que los precios solo van en una dirección: hacia arriba. Una de las casusas que explican la diferencia entre ambos mercados ─europeo y estadounidense─ radica en el exceso de fragmentación del primero con una fuerte dinámica competitiva y madurez de mercado.

El directivo de Telefónica advertía que la situación europea no solo es paradójica, sino que es incompatible con los objetivos de conectividad y la aspiración de liderazgo digital y el desarrollo de un ecosistema digital europeo. La estresada posición financiera del sector europeo, con un menor flujo de caja derivado de la disminución de los ingresos, y el insuficiente rendimiento de las inversiones está afectando directamente a su capacidad para aumentar o mantener la inversión.

A pesar de la situación, hay margen para el optimismo. La Comisión Europea ya identificó la necesidad de facilitar el despliegue de redes fijas y móviles de VHC y reducir los costes, por ejemplo, eliminando los obstáculos administrativos innecesarios y agilizando los procedimientos de concesión de permisos, en el marco de su “Caja de herramientas de conectividad”. También incluyó la necesidad de una política de espectro favorable a la inversión y que consiguió grandes fuentes de ingresos para la UE. Las estimaciones indican que los derechos de licencia anuales pagados por los operadores de telecomunicaciones en la UE, Noruega y Suiza superan los 150.000 millones de euros entre 2000 y 2017. “¿No es este el déficit de inversión para cubrir con 5G toda la UE?”, se preguntaba Juan Montero mientras repasaba los datos.

Una contribución justa al despliegue de infraestructuras digitales

Los operadores de telecomunicaciones en Europa están invirtiendo en un ciclo interminable para hacer frente al aumento del 50% anual del tráfico de datos, actualizando su infraestructura de red mediante la ampliación de la cobertura y el aumento de la capacidad. En cambio, las grandes plataformas de contenidos digitales no están contribuyendo al despliegue de estas infraestructuras digitales y no compensan a los operadores de redes por el tráfico que inyectan. Juan Montero advertía sobre la fuerte posición en el mercado de estos agentes, con poder de negociación asimétrico y falta de igualdad de condiciones reglamentarias que impiden a los operadores de redes negociar una compensación justa.

Esta idea no es nueva. La Comisión Europea ya incorpora la noción de que todos los agentes del mercado deben contribuir de forma justa al despliegue de las infraestructuras digitales en su Declaración sobre derechos y principios digitales. Se trata de un importante paso adelante para conseguir que las instituciones europeas promuevan una legislación proclive a la inversión en infraestructuras sostenibles.

De todo lo anterior se concluye que las telecomunicaciones hacen posible todo lo que está por venir. Nada sucederá sin este sector en la era digital. Europa se encuentra en un punto de inflexión para acelerar la recuperación, sentar las bases de un tejido económico fuerte y competitivo y conseguir la tan anhelada soberanía digital o autonomía estratégica abierta. El éxito de la transformación digital es de vital importancia para que la Unión Europea alcance una posición de liderazgo mundial y reduzca las dependencias externas desarrollando sus propias capacidades digitales. “No se trata solo de política, sino también de reunir todos los recursos necesarios para llevarla a cabo”, concluía Montero.


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