Como he comentado en algún otro post, tengo una madre ya mayor y sé lo que supone acompañar en esos pequeños grandes retos del día a día: pedir una cita médica online, enviar un mensaje de voz, responder una videollamada sin que se corte justo antes del saludo, hacer una transferencia desde el móvil… Todo un mundo para ella, aunque nosotros lo demos por hecho.
Y también sé lo que se gana con cada avance: su sonrisa, su sensación de independencia y esa charla posterior en la que me explica, con todo detalle y una mezcla de orgullo y ternura, cómo lo logró. Por eso, esta sesión me resultaba especialmente interesante. Y también por eso quiero compartir algunas de las ideas que más me gustaron.
El pasado 1 de octubre, Fundación Telefónica celebró el Día Internacional de las Personas Mayores con una charla en su Espacio de Gran Vía titulada Tecnología y personas mayores: el reto de la brecha digital.
Un evento que convocó a expertos en longevidad, empresas tecnológicas, entidades sociales y representantes del sector público con el propósito de hablar sobre uno de los desafíos más importantes que enfrentamos hoy en día: la inclusión digital de las personas mayores.
La tecnología no tiene edad
La jornada comenzó con una historia que nos recordó que la curiosidad no entiende de edades. La directora adjunta a la presidencia de Fundación Telefónica, Luisa Alli, compartió cómo su padre, con más de 80 años y tres doctorados, pidió ayuda a su nieto para aprender a usar ChatGPT.
“Funcionó la curiosidad, el tiempo, el cariño… pero también vimos lo que no funciona: el miedo, la falta de asistencia, la complejidad de algunas herramientas”, reflexionó. Y lanzó un mensaje claro y directo: “No podemos dejar a nadie fuera de esta revolución digital. Es un derecho”.
Una frase que, más que una declaración, suena a compromiso. Y es que, en el fondo, todos deberíamos preguntarnos lo mismo: ¿estamos haciendo lo suficiente para que nadie se quede atrás?
Lo público como motor de inclusión
La primera mesa redonda se centró en el relevante papel que juegan las administraciones públicas para lograr que los mayores tengan más acceso y puedan usar mejor las tecnologías digitales. Desde programas como Reto Rural Digital o CyL Digital, hasta centros de atención en municipios rurales, todos coincidieron en que la tecnología debe facilitar, no excluir. Hubo una frase que lo resumió todo: “No pongamos la prueba de cargo en los mayores, sino en las instituciones que diseñan webs inaccesibles.”
Innovación con propósito
La tecnología puede proteger, acompañar y conectar… si se diseña con empatía.
Así lo demostraron las iniciativas compartidas en la segunda mesa: desde herramientas que detectan estafas digitales hasta hogares inteligentes pensados para cuidar con voz, emoción y cercanía. Esta mesa dejó claro que la innovación debe tener alma: “la tecnología puede complementar los cuidados, pero nunca sustituir la calidez humana.”
Reconectados: cuando la inclusión es personalizada
Después llegó el turno del programa Reconectados, de Fundación Telefónica, uno de los grandes protagonistas del día. Su responsable, Silvia Movellán, compartió las claves de un modelo que ya ha formado a más de 30.000 personas mayores.
“No captamos usuarios, captamos necesidades. Cada mayor es único. No se puede hacer un café para todos”, explicó. El programa se adapta al ritmo de cada persona: desde quienes apenas se atreven a encender un móvil hasta los que ya quieren probar la inteligencia artificial o incluso el metaverso. La inclusión digital, cuando es personalizada, se convierte en una inversión en capital social… y en vidas que cambian.
La revolución de las canas
Para cerrar la jornada, el economista Iñaki Ortega ofreció una mirada provocadora y esperanzadora sobre el envejecimiento activo.
“La economía de las canas es una oportunidad. Hay más mayores autónomos que jóvenes. Son los que más consumen, los que más votan, los que más experiencia tienen. ¿Por qué no diseñamos productos, servicios y políticas pensando en ellos?”, planteó. Una pregunta que debería estar en el centro de cualquier estrategia de innovación… y de cualquier conversación sobre el futuro.
Una cuestión de derechos
La clausura corrió a cargo de Rosa Martínez, secretaria de Estado de Derechos Sociales, quien recordó que “la inclusión digital de las personas mayores debe ser una prioridad de las políticas públicas”. Porque no se trata solo de acceso a la tecnología, sino de garantizar derechos, autonomía y participación. La digitalización no es un privilegio, es una nueva forma de ejercer ciudadanía.
Mi mirada personal
Después de escuchar a todos estos expertos, tengo muy claro que la brecha digital no es solo un problema técnico, sino profundamente humano.
Tiene que ver con cómo queremos envejecer, con cómo cuidamos a quienes nos cuidaron, con el tipo de sociedad que decidimos construir, día tras día. Mi madre, por ejemplo, no quiere quedarse atrás. No quiere que el mundo avance sin ella. Quiere seguir conectada, informada, útil. Y nosotros —como hijos, como ciudadanos— tenemos la responsabilidad, pero también la oportunidad, de acompañarla en ese camino.
Porque, como se repitió varias veces durante la jornada: la tecnología no tiene edad. Pero sí necesita algo que ninguna máquina, por avanzada que sea, podrá programar jamás: empatía.






