Quiet quitting: qué es y qué implica para el trabajador

El término, conocido en ocasiones como "renuncia silenciosa" puede favorecer la conciliación entre la vida personal y la profesional, aunque no está exento de riesgos. Para las empresas es una oportunidad de reconsiderar algunos de sus procedimientos o posibles causas de desmotivación de sus trabajadores.

El quiet quitting y su equilibrio entre el trabajo y la vida.
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Se conoce como quiet quitting o renuncia silenciosa, pero en realidad solo el término es nuevo. Esta práctica laboral ya existía, aunque no tuviera un nombre. El primero que lo acuñó fue un orientador profesional llamado Bryan Creely en un vídeo de TikTok. Luego, el tiktoker @zkchillin lo volvió viral en otro video en la misma red social. 

El quiet quitting consiste en trabajar lo justo o, lo que es lo mismo, desempeñar únicamente las tareas y las horas acordadas en el contrato. Se trata de personas que cumplen con sus obligaciones y objetivos de forma satisfactoria, pero hacen lo mínimo para sacar adelante el trabajo. No significa que realicen mal sus responsabilidades. Algunas voces han criticado el término “renuncia silenciosa”, lo califican como inapropiado, porque en realidad estos empleados están trabajando lo que deben, ni de más ni de menos. 

Si bien algunas personas han adoptado esta forma de trabajar sin que una expresión se pusiera de moda, a raíz de la pandemia tomó impulso y se ha convertido en una tendencia, especialmente entre los empleados jóvenes de la Generación Z (nacidos entre 1995 y 2000). ¿Por qué sucede? ¿Qué supone para el empleado?

El mercado y la cultura laboral cambia después de la pandemia

El fenómeno de la Gran Renuncia se refiere a los millones personas que dejaron voluntariamente sus empleos después de la pandemia. Se dieron cuenta de que no estaban contentos con el trabajo y se produjo un éxodo masivo. ¿Los motivos? Según Pew Research Center, principalmente por los bajos salarios, la falta de oportunidades de ascenso y por no sentirse respetados. 

Para otros expertos, se debe a la búsqueda de equilibrio entre vida laboral y personal, para una mayor dedicación a las prioridades, la posibilidad de optar a un puesto que permita el teletrabajo o el agotamiento (físico y/o mental) como consecuencia de la cuarentena.

En un contexto de recesión e inflación disparada, quienes no quieren perder su trabajo, optan por el quiet quitting, por establecer límites laborales para recuperar el equilibrio en sus vidas. Pero puede ser un signo de que a los empleados les falta un propósito, no están bien en ese trabajo (o desmotivados) o incluso que están buscando ya otro nuevo. Para los defensores, el quiet quitting entra dentro de la normalidad y no debería causar controversia. Se guían por la popular expresión: “trabajar para vivir y no vivir para trabajar”. Rechazan una cultura de poner en el centro el trabajo, no se sienten mal por tomarse vacaciones. 

Pros y contras de la renuncia silenciosa

El comportamiento de quiet quitting permite a los empleados mantener un equilibrio entre el trabajo y la vida y propicia el bienestar mental porque no lo sacrifican. Así, no llegan a “quemarse”, agotarse o estresarse. Quienes no quieren regalar su tiempo y su esfuerzo establecen límites saludables. Una vez que terminan desconectan y, por supuesto, no se llevan el trabajo a casa. Tienen muy claras cuáles son sus prioridades, como compartir más tiempo con la familia o cuidarse yendo al gimnasio, por ejemplo.

Por el contrario, la renuncia a hacer un esfuerzo adicional incrementa el riesgo de ser despedido (antes que a otros compañeros), de no se promocionador para ocupar un puesto superior o de no tener subidas salariales. Al tiempo, se exponen a perder la confianza de la compañía 

A algunas empresas les preocupa esta tendencia: puede resultar negativo porque significa empleados no comprometidos y menos productivos. Cuando alguien decide realizar esa desconexión toca preguntarse qué razones le han llevado a dar el paso, revisar las condiciones para comprobar si se pueden mejorar y abordar las necesidades. 

Elon Musk es uno de los detractores del quiet quitting. No lo ha dicho de forma expresa, sino que se desprende del ultimátum que dio a los empleados por email. El mensaje se puede resumir en “o trabajáis duro o marcharos de la empresa”. “En el futuro, para construir un avance en Twitter 2.0 y tener éxito en un mundo cada vez más competitivo, necesitaremos ser extremadamente duros”, reza el tuit de Musk. Y añade: “Esto significa trabajar muchas horas a alta intensidad”. Musk les dio un plazo de dos días para tomar la decisión y más de mil optaron por abandonar su empleo y recibir la indemnización de tres meses. 

Esta postura del dueño de Twitter encaja precisamente con lo que sostienen algunos expertos: el quiet quitting no tiene que ver con un mal empleado, sino más bien con un mal jefe. Así, esta tendencia debe entenderse como una oportunidad para observar, analizar, reflexionar, evaluar y profundizar en las debilidades y fortalezas de la empresa. Y saber el porqué de este comportamiento, de forma individualizada, para comprenderlo y poder acometer cambios. Y aprovechar para, tal vez, crear una nueva cultura o modelo acorde con los tiempos.


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