El papel de las redes inteligentes en la transición energética

“La mejor energía es la que no se consume”, ésta es una de las reflexiones que recurrentemente aparece cuando hablamos de eficiencia energética, y en concreto cuando nos referimos a las futuras redes de distribución de la energía o Smartgrids.

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Antonio Moreno

Antonio Moreno

Tiempo de lectura: 5 min

Estamos en un momento de máxima relevancia, con nuevos marcos normativos enfocados en impulsar la recuperación económica y con la transición energética siendo uno de los puntos clave. ¿Pero cómo?, ¿Qué tiene de inteligente un enchufe?

La relevancia de las redes

Los objetivos a nivel europeo y nacional se plasman en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC). Este texto define los objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la incorporación de energías renovables, la descarbonización de la demanda (electrificación) y medidas de eficiencia energética.

Queda clara la relevancia de las redes en la transición energética en España, donde la electrificación de la demanda y la descarbonización de la economía son objetivos primordiales. El acuerdo de París en 2015 fue un punto de inflexión en dos aspectos clave, el primero fijar un objetivo concreto para tener una economía de emisiones CO2 nulas en 2050, y segundo, situar a la ciudadanía en el centro de la transición energética. Nos enfrentamos a un reto como sociedad muy ambicioso, y todos somos necesarios. Europa quiere ser líder mundial en el cambio a las energías renovables y la descarbonización, y España en concreto se siente cómoda en esa senda de cambio tal y como muestra el último PNIEC que supera incluso en ambición los retos de la UE y la de otros estados.

De hecho, numerosos estudios indican que el incremento del PIB será más relevante con las medidas de transición energética implementadas. Esto se pone de manifiesto por ejemplo en los fondos europeos que tienen como requisitos contar con porcentajes muy elevados para la transición verde y la transformación digital.

No es un camino sencillo, nos enfrentamos a un cambio radical en los mercados energéticos y en los modelos de generación, siendo la eólica y la fotovoltaica las grandes protagonistas, y que implican una flexibilidad desconocida hasta el momento desde el lado de la demanda. Y en este camino también asistiremos al cierre ordenado de la nuclear y la salida completa del carbón. Y sin olvidar el hidrógeno renovable que sustituirá al de origen fósil.

Los tres ejes fundamentales

En resumen, podemos definir tres ejes claros a desarrollar:

  • Eficiencia energética: Como decíamos al inicio, la mejor energía es la que no se consume, en especial en el sector residencial hay mucho potencial.
  • La electrificación: hay que aprovechar la electricidad de bajo coste que seremos capaz de producir de forma renovable. Hay un enorme recorrido en ámbitos como la calefacción/refrigeración y en el transporte con la llegada del VE.
  • Creación de un modelo mucho más integral: con la generación más distribuida a diferencia de los antiguos modelos donde había unas pocas grandes centrales que repartían de forma más o menos predecible la energía por la red.

Y todo esto con una ambición reforzada, los objetivos se van a revisar desde la UE con metas cada vez más agresivas para la descarbonización y lucha contra el cambio climático.

Las redes inteligentes

En este contexto, las redes inteligentes, las SmartGrids, serán un punto fundamental en todo este proceso, y son necesarias reformas para que la casación entre demanda y generación se produzca, sin olvidar otra palanca clave como es el almacenamiento energético y la creación de nuevos modelos de negocio posibilitando una mayor integración sectorial.

Hay tres puntos concretos que se consideran clave:

  • La digitalización de la Baja Tensión y su integración en las Smartsgrids: Es necesario que el último eslabón, el que conecta con los consumidores, también esté preparado. Sin esta parte de poco sirve que el resto de la cadena esté lista. En un contexto de transición energética las redes de Baja Tensión tendrán una función primordial en los nuevos modelos de generación distribuida donde los consumidores pasan de pasivos a activos.
  • Los nuevos modelos de consumo compartido: Hablábamos de poner al consumidor en el centro, pero hasta hace muy poco no ha habido una legislación adecuada. Esta situación ha cambiado para que los consumidores tengan el derecho a producir, consumir y almacenar su propia energía…. Son los nuevos “prosumidores”.
  • Retos y Oportunidades del almacenamiento en las redes eléctricas inteligentes: El almacenamiento de la energía es un tema muy relevante para alcanzar los retos planteados en el PNIEC y en la estrategia de descarbonización a largo plazo. Existen diferentes tecnologías que no son excluyentes sino complementarias en el sistema eléctrico. Muchas tecnologías de almacenamiento en baterías están muy relacionadas con el vehículo eléctrico, pero sin olvidar el uso del hidrógeno renovable, o el bombeo hidroeléctrico (bombear agua en embalses cuando sobra electricidad para luego volver a producirla cuando hace falta). Todo esto es necesario para dotar de flexibilidad a un sistema basado en fuentes renovables ya que no podemos hacer que llueva, sople el viento o haga sol a nuestro antojo…

En definitiva, la figura del distribuidor de energía eléctrica va a ir ganado importancia y complejidad, con flujos variables y bidireccionales donde las redes inteligentes tendrán un rol fundamental dentro de la política energética. En concreto se requerirán acciones en cuatro grandes ejes:

  • Nueva arquitectura de red con recursos energéticos distribuidos (la fotovoltaica favorece la aparición de la figura del prosumidor en el mercado eléctrico).
  • Incorporación de nuevos activos y modelos de negocio (nuevos agentes y roles)
  • Profunda digitalización y automatización gracias al IoT y la IA.
  • Desarrollos legislativos y normativos específicos para la nueva situación.

El reto de las Smartgrids

El reto para las Smartgrids supondrá pasar del viejo modelo centralizado y con demanda pasiva a un nuevo modelo distribuido con redes de distribución variable y gestionando una demanda activa. Todo un desafío que implica una relación mucho mayor entre los agentes del mercado actuales y los nuevos que aparezcan como lo agregadores. Es un escenario mucho más complejo donde las TIC jugarán un papel clave, facilitando además la transición energética que permita cumplir los objetivos de descarbonización y electrificación de la demanda que nos exigen los planes gubernamentales y el propio planeta.


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