Negocios inclusivos: ¿debería ser pecado no aprovecharlo?

Como sabéis, los pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. La Iglesia...

07/04/2011

 David de San Benito / @davidsanben

Como sabéis, los pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. La Iglesia católica romana los divide en veniales y mortales.

 

Todavía a día de hoy, nos encontramos con empresas que esto de los negocios inclusivos ni les va ni les pone. Suelen ser empresas y por ende sus Directivos con mentes obtusas que ligan este tipo de conceptos con puros proyectos de acción social y cultural. Yo suelo calificar a estos personajes como “pecadores veniales”. La suerte que tienen es que por ahora son pecados menores y perdonados a través del sacramento. Pero ya se verá si sus accionistas piensan igual en un futuro …

 

Bien, a este respecto, permitirme citar un post sobre el guru de los negocios inclusivos, ya fallecido, Coimbatore Krishnarao Prahalad. En múltiples ocasiones, Prahalad señaló que la principal barrera con que se encuentran las grandes empresas a la hora de apostar por la base de la pirámide es mental. “No se creen que pueda haber mercado ahí”, solía decir el gurú, que, ante esa actitud a la defensiva, respondía: “Creo que es bastante sencillo una vez que la alta dirección reconoce que hay una oportunidad para innovar y hay un mercado al que prestar servicios. Las dificultades de acercarse a estos mercados no son interculturales. El problema consiste en la capacidad de identificar y sumergirse en la experiencia de los consumidores en estos mercados”.

 

¿Y cómo convenco a la alta dirección de mi empresa para que reconozcan esta oportunidad? sin olvidar que la idea de los negocios inclusivos es relativamente joven (sólo cinco años de vida), si podemos encontrar buenos casos en países subdesarrollados donde  pequeñas y grandes compañías muy innovadoras que se estaban anticipando al resto y atendiendo a ese mercado desatendido como Chotukool en la India o la Xinri electric-bicycle en China. De estas enseñanzas podemos extraer las siguientes ideas:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Lo que funciona en la cúspide, no funciona en la base de la pirámide: claramente un concepto fracasado, pero todavía hay empresas que comercializan un producto tal cual en mercados de base de la pirámide.
  2. El éxito de un proyecto no sólo se mide en función de los clientes captados: Los negocios inclusivos llevan aparejados el empoderamiento de la población o la co-creación de productos y servicios.
  3. Mejor lo hago solo: los negocios inclusivos requieren la creación de un ecosistema local para vender, educar y distribuir el producto. Es la esencia del proyecto y sin ella pierde la gracia.
  4. Confundir filantropía con negocio inclusivo: Las Empresas tienen que moverse de lo anecdótico a lo transformador. De la filantrópico al empoderamiento de la sociedad a través de negocios inclusivos. Lo innovador es replicar en otros mercados lo que ha funcionado en otros países. La escalabilidad es fundamental.

 

Los que creemos que los negocios tienen un papel que jugar en esta historia tenemos que seguir luchando  contra esa “barrera mental” que encontramos en muchos directivos, y convencerles del negocio que había ahí debajo, debajo de lo que ahora muchos denominan los estertores del sistema capitalista. Frente a esos estertores, Prahalad vislumbró desde su despacho en la escuela de negocios de Ross esa base de la pirámide, que encumbró a lo más alto.

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