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Manifiesto Digital: por una digitalización centrada en las personas

 

Un cambio de era

 

Nos gusta decir que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época.

Todo cambia, pero el vértice y el motor del cambio es la disrupción digital que sitúa a la conectividad y a la gestión de los datos que se generan, en el eje de la transformación tecnológica, económica y social.

Según algunos analistas, el impacto positivo de este enorme cambio sobre el Producto Interior Bruto podría llegar a ser hasta cuatro veces mayor que el impacto que tuvo la Revolución Industrial.

La posibilidad de mejorar nuestras vidas a través de los datos y la tecnología no deja de sorprendernos. Sin embargo, no podemos obviar que es también fuente de incertidumbre y miedos. Es un momento cargado de desafíos, pero también de enormes oportunidades. De cómo afrontemos estos desafíos, dependerá cómo se oriente la innovación, el desarrollo económico y el crecimiento.

No podemos obviar que digitalización corre el riesgo de ser considerada como una forma más radical del proceso de globalización que ha transformado el mundo desde la década de los 70, y no debería extrañar que haya quien la considere como una fuente adicional de desigualdad.

 

Pablo de Carvajal durante su intervención en el evento

Pablo de Carvajal, Secretario General y Dirección de Asuntos Públicos, Regulación y Negocio Responsable.

 

Los nuevos desafíos de la digitalización

 

Desde el punto de vista de Telefónica, tenemos la responsabilidad de usar la innovación tecnológica para impulsar el desarrollo económico y la mejora de la sociedad. De eso trata nuestra propuesta. Apostamos por una digitalización centrada en las personas. Y para ello, queremos iniciar hoy aquí un debate necesario para sentar las bases de lo que hemos denominado un Nuevo Pacto Digital.

Queremos contribuir a un nuevo pacto digital que asegure una colaboración más amplia y abierta entre gobiernos, empresas y sociedad civil. Donde la tecnología sirva para mejorar la vida cotidiana. Creemos que se requiere una mayor colaboración y un debate abierto para encontrar ideas creativas que permitan renegociar, redefinir y reafirmar valores comunes para nuestro futuro digital.

Hacemos, por tanto, una propuesta de futuro. Para ello tanto el sector público como el privado debemos estar atentos a algunos elementos de nuestro entorno que muestran con claridad los desafíos que debemos afrontar:

 

  1. La escala y velocidad del cambio que produce la digitalización no tiene precedentes. Está cambiando la naturaleza de las relaciones y de las fronteras, aumentando la complejidad de los procesos de toma de decisiones a escala nacional e internacional y transformando todo el universo de certidumbres que teníamos hasta la fecha.
  2. La aparición de una nueva brecha de carácter digital, que podría llegar a cuestionar un modelo social cohesionado e inclusivo. La mitad de la población mundial, principalmente en los países en desarrollo, todavía no está conectada; personas que podrían quedar excluidas de los beneficios de la digitalización.
  3. El difícil equilibrio entre la garantía de la seguridad por parte de los Estados, que los lleva a recurrir a métodos de vigilancia masiva y el respeto al derecho fundamental de la privacidad de los ciudadanos.
  4. Los fallos de seguridad y la capacidad técnica para realizar análisis cada vez más sofisticados de enormes cantidades de datos que representan un reto para el derecho fundamental a la privacidad y la seguridad.
  5. Los progresos en Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas y la aparición de Internet Industrial nos avisan sobre cambios en los modelos de trabajo. Máquinas y personas coexistirán en los entornos de trabajo y los derechos humanos y sociales tendrán que adaptarse al nuevo entorno. Este progreso también podría generar nuevas formas de desigualdad que requerirá aplicar políticas públicas para la integración y adaptación de algunos sectores de nuestra sociedad.
  6. El riesgo de concentración del poder en manos de unas pocas plataformas digitales globales que podrían llegar a controlar de facto la experiencia digital, estableciendo potenciales cuellos de botella que amenazan la sostenibilidad de la digitalización e Internet.
  7. Algunas plataformas pueden ejercer una influencia desproporcionada sobre la opinión pública y las vidas diarias de los usuarios, lo que puede llegar a constituir un reto para el funcionamiento adecuado y justo de las democracias y de los mercados.
  8. La naturaleza global de los servicios digitales reta también a la soberanía de los Estados. Internet es global y los gobiernos encuentran cada vez más dificultades para hacer cumplir sus leyes nacionales, en aspectos tales como la recaudación de los impuestos y la protección de la privacidad de sus ciudadanos. De hecho, ya se ha instalado el debate sobre si los servicios digitales globales contribuyen de manera adecuada y equitativa a la sociedad a la que se ofrecen.

 

Por último, también quisiera destacar el hecho de que las democracias están enfrentándose a nuevos retos derivados de la formación de la opinión pública a través del contenido publicado en redes sociales. La proliferación de noticias falsas y desinformación intencionada gracias a la “subjetividad” de los algoritmos está complicando la celebración de procesos democráticos.

 

Un nuevo Pacto Digital

 

Todos estos desafíos son los que creemos que deben abordarse mediante la formulación de un nuevo Pacto Digital. Quizás el concepto suene algo ambicioso. Otras personas prefieren utilizan un término no menos ambicioso como es el de nuevo contrato social. Sin embargo, sabemos por la experiencia histórica que cada vez que se produce una revolución tecnológica las bases de la convivencia en común se ponen en cuestión. Y que todo se transforma. Los derechos y obligaciones que contraemos para vivir en sociedad no son inmunes a los cambios. Para asegurar la confianza en sociedades democráticas tenemos la responsabilidad de afrontar el impacto de la tecnología en ellas. Y nuestra compañía no quiere a mirar para otro lado.

Esto va a requerir una renovación de las instituciones sociales, económicas y democráticas, así como una colaboración más estrecha y abierta entre los sectores público y privado.

 

 

 

El Manifiesto Digital de Telefónica

 

En el Manifiesto Digital de Telefónica esta compañía se posiciona ante los retos a los que nos enfrentamos. Nuestras propuestas pretenden inducir a la reflexión y renegociar, redefinir y reafirmar valores comunes para nuestro futuro digital.

 

  • En primer lugar, una carta de derechos digitales que proteja nuestros valores y garantice los derechos fundamentales en una época que sobre-regula derechos analógicos y obvia los derechos digitales.  Esta “Carta de Derechos Digitales” es un asunto muy relevante. Su debate público debe servir para abordar los problemas relacionados con el derecho a la educación, la información, la privacidad y la protección de datos, la neutralidad y la identidad digitales, y en el fondo libertades constitucionales en el período de digitalización.
  • En segundo lugar, un modelo inclusivo de sociedad. No queremos aceptar una sociedad definida por los hundidos y los salvados en este océano de transformaciones digitales. Nadie debe quedarse atrás. Para ello necesitamos un compromiso mayor entre el sector público y privado sobre cómo mejorar la conectividad, base de la digitalización, y sobre cómo mejorar las habilidades digitales de las personas, base del mejor uso de Internet.
  • Un modelo inclusivo también nos debe conducir a repensar e innovar las políticas sociales que amortigüen los períodos de transición para trabajadores desplazados por la automatización y otras tecnologías. Para ellos, consideramos que los Estados deben repensar las arquitecturas fiscales para garantizar un tratamiento fiscal justo y equitativo en el ámbito de los servicios digitales.  Un level playing field en el marco fiscal que asegure la sostenibilidad de los estados al servicio de una sociedad mejor.
  • En tercer lugar, transparencia y capacidad de elección. En una sociedad de datos, debemos asegurarnos de generar confianza para que nos sintamos cómodos con el uso que se hace de ellos. Poder disfrutar de todo el valor que generan. Y ello implica acordar una nueva ética en el uso de los datos para que capacite a los usuarios para decidir cómo y cuándo se utilizan sus datos en un entorno privado y seguro. Empoderar a las personas es una prioridad para Telefónica. Y ello, implica devolverles el control sobre su vida digital.
  • En cuarto lugar, los Estados y empresas deben asumir su responsabilidad y rendir cuentas de sus acciones en el espacio digital. Esto significa que las autoridades y los reguladores en tanto que garantes de los valores, las normas y el Estado de derecho existentes, deben garantizar una Internet segura. Al mismo tiempo deben proteger sus derechos fundamentales.

 

Además, tienen una tarea adicional. Hacer que las nuevas empresas digitales rindan cuentas de sus acciones y del impacto que tienen sobre las sociedades en las que ofrecen sus servicios. Ello abarca desde los impuestos, a los valores y los derechos. A su vez, la Inteligencia Artificial o los algoritmos deben ser auditables; desde su mismo diseño deben responder a criterios éticos.  Rendir cuentas sobre su capacidad para el respeto de los derechos de las ciudadanas y los ciudadanos.

Por último, quisiera destacar la importancia de generar un ecosistema digital en el que todos podamos disfrutar de unos servicios equitativos, competitivos y no discriminatorios.

Proponemos, para ello, la adopción de la Neutralidad Digital. Queremos asegurar una experiencia de Internet abierta, sin restricciones ni discriminación en toda la cadena de valor; dispositivos, contenidos, servicios, aplicaciones y redes. En términos competitivos, las autoridades y reguladores de mercado deberían considerar los datos como un activo con valor real e incorporarlo de manera natural en sus evaluaciones. Y las nuevas tecnologías, en particular el uso de la Inteligencia Artificial y los algoritmos deben evitar tanto discriminaciones injustas para los consumidores, como resultados que menoscaben la competencia.

 

 

Una propuesta de digitalización centrada en las personas

 

Quiero volver a insistir sobre la propuesta que hemos recogido en el documento que hoy presentamos: el nuevo Manifiesto Digital de Telefónica realiza una propuesta global y de carácter humanista.

Estamos convencidos de que solo poniendo a las personas en el corazón de la transformación digital podremos hacer frente a los retos que enfrentamos.

Para Telefónica, esta nueva forma de pensar conduce a:

 

  1. Una actualización de derechos en un mundo digital.
  2. Una modernización de nuestras políticas y marcos regulatorios para garantizar una competencia justa.
  3. Un compromiso con la innovación, el emprendimiento y la inversión para que nadie quede atrás en la digitalización.
  4. Un enfoque renovado sobre la transparencia y una rendición de cuentas para que cada uno de nosotros pueda decidir cómo y cuándo se utilizan sus datos. En definitiva, para elegir cómo disfrutar del valor de los mismos.
  5. Un modelo de actuación responsable de las empresas para que guiadas por los valores existentes contribuyan adecuadamente a las sociedades en las que ofrezcan sus servicios.
  6. La incorporación de principios éticos en el uso de la Inteligencia Artificial y los algoritmos.

 

Os propongo iniciar hoy aquí un debate esencial. Telefónica quiere ser un actor relevante alentando a la creación de una realidad digital justa y democrática al servicio de desarrollo de nuestras sociedades. No queremos ser meros espectadores. Queremos ser actores en la era de la gran transformación digital.

 

En la era de la digitalización, este es nuestro Manifiesto.

Gracias a todos.

 

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