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El desafío de la Cuarta Revolución Industrial en América Latina

 

La brecha que separa a América Latina de los países de la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) en términos del producto bruto está creciendo. Si bien el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de América Latina entre el 2003 y el 2016 ha crecido en un 48%[1], la brecha entre la región y los países de la OCDE  ha crecido de US$ 23.117 en el 2003 a US$ 28.553 en el 2016. La clave para acelerar el crecimiento económico de la región reside en el aumento de la productividad, cuyo crecimiento se encuentra estancado. El análisis de la contribución de la productividad al crecimiento económico de América Latina para los últimos catorce años muestra que si bien la productividad del trabajo, definida esta como la producción dividida por el número de horas trabajadas, ha contribuido al crecimiento del producto bruto, el impacto de la productividad multifactorial[2] ha sido negativo (-0,48). Una extrapolación de la situación actual indica que la postergación de América Latina tiende a continuar. Proyectando hacia el futuro (2018-2027), el Banco Mundial estima que el crecimiento del PIB de la región alcanzará una tasa del 2,35% anual[3], lo que representa 0,72% de incremento de la fuerza de trabajo, 1,46% de aumento del capital, y tan solo 0,18% de productividad multifactorial.

 

La digitalización de procesos productivos y adopción de tecnologías digitales avanzadas, implicados en la cuarta revolución industrial, contribuye al crecimiento de la productividad laboral y multifactorial. Un aumento del índice de digitalización de 1% resulta en un incremento de 0,32% en el producto bruto interno, de 0,26% en la productividad laboral, de 0,23% en la productividad multifactorial y de 0,09% en la contribución de las TIC a la productividad laboral[4]. Es por ello que, el aceleramiento en el desarrollo de la digitalización, tanto en términos de infraestructura digital como en el crecimiento de industrias digitales y la correspondiente digitalización de la producción, representa la palanca fundamental para el aumento de la productividad multifactorial y el correspondiente cerramiento de la brecha de América Latina con los países de la OCDE.

Si se comparte la premisa que establece la necesidad de acelerar la digitalización de la producción para estimular el crecimiento económico latinoamericano, debemos primero definir que es lo que se entiende como digitalización de la producción, para luego medir donde está América Latina en términos de este proceso, y finalmente identificar los puntos clave de una estrategia.

 

La revolución de los modelos productivos

Los modos de producción de bienes y servicios están siendo transformados a partir de la asimilación de tecnologías digitales. El análisis de la innovación tecnológica ocurrida desde mediados de la década del siglo XX permite identificar tres ciclos distintos[5]:

  • El desarrollo de informática, banda ancha y telecomunicaciones móviles
  • El despliegue de plataformas de Internet
  • La innovación alrededor del desarrollo de tecnologías avanzadas como la robótica, el Big Data y analíticos, el Internet de las Cosas, el Blockchain, y la Inteligencia Artificial, entre otras.

Cada ciclo ejerce un impacto creciente en los procesos productivos. El primer ciclo permitió la automatización de funciones discretas como el manejo de inventarios y la gestión de líneas de producción. Al mismo tiempo, el desarrollo de la banda ancha facilitó la deslocalización de funciones, permitiendo la optimización en el acceso a factores de producción. A partir de ello, la empresa pudo localizar funciones en aquellas regiones donde se accede de mejor manera a recursos como materias primas y fuerza laboral, al tiempo que continúa manteniendo, de manera virtual, una estructura centralizada. El segundo ciclo – basado en la introducción de Internet – permitió comenzar a reconfigurar procesos productivos punta a punta. Las plataformas basadas en Internet permitían optimizar el costo de acceso a materias primas en la medida de que estas reducían los costos de búsqueda de bienes y servicios al mejor precio. Al mismo tiempo, el Internet permitió desplegar canales de distribución electrónicos para llegar al consumidor, creciendo, de esta manera, el alcance y cobertura de los mercados. Finalmente, el tercer ciclo – conformado por un conjunto de tecnologías llamadas de avanzada, que incluyen el Internet de las Cosas, la Inteligencia Artificial, la impresión 3D y Blockchain, entre otras – permiten encarar una refundación de la empresa tradicional a partir de la generación de nuevos modelos de negocio.

Es así que cada ciclo tiene un impacto creciente en la estructura productiva. La digitalización de la producción resulta en un impacto combinado, tanto en la estructura de costos (mejor eficiencia) como en el alcance y cobertura de mercados (despliegue de canales de distribución). De hecho, la digitalización de procesos productivos no implica la mera adopción de tecnologías digitales para automatizar procesos y reducir costos de mano de obra. Concebimos a la digitalización de la producción como una discontinuidad tecnológica que afecta el entorno competitivo y reestructura la organización de industrias. El impacto disruptivo de la digitalización también puede manifestarse a través de cambios fundamentales en cadenas productivas industriales. Estos cambios pueden ser el resultado de la virtualización de ciertos procesos de la cadena productiva, lo que permite a ciertas empresas líderes integrarse verticalmente a lo largo de la cadena productiva y asumir posiciones que le permiten un control estratégico de la base de clientes o la captura de nuevas rentas.

 

La situación actual en América Latina

La estructura productiva latinoamericana está avanzando en términos de la adopción de tecnologías digitales correspondientes al primer y segundo ciclos innovadores descritos arriba. De acuerdo a un estudio reciente del autor[6], 94% de los establecimientos colombianos usan computadoras, 96% usan Internet, y 55% tienen una pagina web. Sin embargo, esta adopción masiva, no se traduce necesariamente en la asimilación de tecnología en procesos productivos. Por ejemplo, en el mismo país, solo 37% de las unidades productivas emiten ordenes de compra de insumos, y 28% entregan productos en línea. Si bien esta asimilación rezagada en procesos productivos es baja, los índices indican un progresos sostenido en los últimos tres años.

Por otra parte, la incorporación de tecnologías digitales avanzadas recién está comenzando. Nuevamente, en el caso colombiano –el único país de la región que posee estadísticas confiables–, 0.5% de establecimientos manufactureros han adoptado sistemas robóticos,  y 3.0% han incorporado impresión 3D a sus procesos productivos. Es decir, si asimilamos la cuarta revolución industrial a la adopción de tecnologías avanzadas en la refundación de modelos productivos, podemos concluir que la región está recién empezando a transitar este camino.

Como es de esperar, la situación es aun más preocupante, cuando se desagregan estas estadísticas entre la gran empresa y las Pymes (pequeñas y medianas empresas). Las empresas grandes colombianas ya están avanzando en esta trayectoria: 18% operan Internet de las Cosas, 8% han incorporados robots, 6% lo han hecho con impresión 3D y hasta 4.4% utilizan sistemas de inteligencia artificial / aprendizaje de máquinas. Obviamente, estos indicadores de adopción son prácticamente nulos en el caso de las Pymes.

Como ya se sabe, estas últimas representan el grueso del sistema productivo en todas las naciones latinoamericanas. En Colombia, sólo 0.5% de las 1,141,000 empresas formales tienen más de 100 empleados[7], mientras en México 0,1% de los 5,654,000 establecimientos industriales operan con mas de 250 empleados[8]. Esto denota el desafío que enfrenta América Latina: si se parte de la premisa, bien fundamentada en base a la experiencia tanto del continente como de los países desarrollados, que la empresa grande encara la transformación digital de su modelo productivo de manera independiente sin requerir de estímulos, incentivos o subsidios, la gran tarea reside en cómo vamos a hacer que las Pymes accedan a la cuarta revolución industrial.

 

Una estrategia de cambio del modelo productivo: un factor ineludible para acelerar la cuarta revolución industrial en América Latina

Comencemos por afirmar que el desafío de la digitalización de Pymes no es único al mundo emergente. De hecho, gran parte de las estrategias de cambio en modelos productivos de países como Japón, Corea, Francia, España, Italia, y Colombia han asumido como eje prioritario la pequeña y mediana empresa[9]. La experiencia de estos países plantea la necesidad de formular una estrategia nacional única, propulsada desde los niveles más altos del Estado.

El análisis de la experiencia latinoamericana demuestra que, con diferente grado de desarrollo, ciertos países están avanzando en la formulación de aspectos o componentes de lo que representa una estrategia de cambio del modelo productivo. México ya está implementando gradualmente elementos de una Industria 4.0, Brasil posee una estrategia de Internet de las Cosas, y Colombia ha creado dentro del Ministerio TIC un Viceministerio de Economía Digital enfocado en la transformación del modelo productivo. Pero, aun en estos casos, el nivel de coordinación institucional para el desarrollo e implementación de estrategias es todavía  limitado. Es común observar en la región una multiplicidad de entes gubernamentales involucrados en este tipo de iniciativas, lo que genera una falta de definición de prioridades e iniciativas multi-institucionales, mientras que se observa un reconocimiento limitado del ecosistema implícito en los cambios de los nuevos modelos productivos. Finalmente, con la excepción clara de Colombia que ha avanzado en el desarrollo de un Observatorio de la Economía Digital, se constata la falta de información actualizada que permita hacer un análisis detallado para entender donde están los cuellos de botella de la transformacion digital[10].

 

La necesidad de colaboración público-privada

El segundo punto a considerar si se quiere acelerar este proceso de transformación digital es la necesidad de adentrarse en la colaboración multi-sectorial: gobierno, sector privado y academia. La experiencia de países desarrollados demuestra que este un factor esencial para avanzar en la cuarta revolución industrial. El sector privado (especialmente la gran empresa aunque también algunas pymes innovadoras) saben lo que significa encarar la transformación digital. El estado tiene acceso a recursos e infraestructura para encarar iniciativas de apoyo a Pymes, y el sector académico posee la capacidad de llevar adelante investigación en apoyo al proceso transformador en el marco de nuestras realidades especificas.

Si bien ya existen algunas experiencias en este sentido en la región, como lo son los esfuerzos desplegados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el Ministerio de la Producción, y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial en Argentina, o los Centros de Innovación Industrial impulsados por la Secretaria de Economía en México, o los Centros de Transformación Digital en Colombia, el problema es la falta de masa crítica de estos esfuerzos. Ya hemos mencionado arriba, la dimensión del sector pymes en América Latina. Si no elevamos el nivel de inversión en este esfuerzo, no podremos alcanzar un grado de impacto significativo. Japón, por sí solo ha desplegado 180 centros Kohsetsushi enfocados en capacitación de Pymes, España posee 32 centros y 5,500 profesionales operando en la Federación Española de Centros Tecnológicos, Estados Unidos ha desplegado 600 centros bajo el Manufacturing Extension Program. Todos estos esfuerzos combinan recursos públicos, y privados para apoyar la transformación digital de Pymes.

 

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El desafío implícito en la cuarta revolución industrial para América Latina es claro. Para encararlo es necesaria la definición de políticas publicas y estrategias unificadas, impulsadas como políticas de Estado que trasciendan los ciclos electorales. Esto debe ser combinado con un mayor esfuerzo de inversión para alcanzar a la pequeña y mediana empresa. La colaboración multi-sectorial en este sentido es critica.


[1] Fuente: Banco Mundial

[2] En su formulación básica, productividad es medida en términos de productividad del trabajo (producción dividida por el número de horas trabajadas). La productividad total de los factores (o multifactorial) es medida en términos de los insumos de capital, trabajo y materias primas. Esta medida provee una mejor guía a la eficiencia de una economía dado que controla por los cambios en insumos.

[3] En el corto plazo, el Banco Mundial proyecta 2,00% (2018), 2,60% (2019), y 2,70% (2020), mientras que el Fondo Monetario Internacional estima 1,90% (2018), y 2,60% (2019).

[6] Katz, R.; Duarte, M-C; Callorda, F.; Duran, D.; Meisl, C. (2018). Informe Anual de la Economía Digital en Colombia. Bogotá: Ministerio de Tecnologías de Información y Comunicación y Cámara de Comercio de Bogotá.

[7] Fuente: DANE; Registro Mercantil de la  Cámara de Comercio de Bogotá

[8] Fuente: INEGI: Censo Económico 2014 y Cuentas Nacionales al 2016.

[9] Katz, R. (2018). International experience in fostering the digital transformation of the supply chain. Report submitted to the Inter-American Development Bank and the World Economic Forum.

[10] En este caso, es importante mencionar los esfuerzos de la Comisión Económica de América Latina y el Caribe para asistir en el desarrollo de una base empírica que ayude a definir políticas publicas en este terreno.

 

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