En los últimos años, el término edadismo ha tomado fuerza para describir una realidad que, aunque siempre ha estado presente, hoy se hace más visible: la discriminación basada en la edad. Esta discriminación puede afectar tanto a personas mayores como a jóvenes, y en el mundo laboral cada vez más marcado por tecnologías emergentes, automatización e inteligencia artificial, se convierte en un desafío que debemos afrontar de manera consciente y colectiva.
De los procesos analógicos a la inteligencia artificial: un viaje de adaptación
Quienes pertenecen a la llamada edad plateada, personas con una trayectoria vital y profesional amplia, han vivido transformaciones tecnológicas profundas.
Pasaron de consultar libros físicos en bibliotecas a buscar información en segundos; de formularios impresos y procesos analógicos a plataformas totalmente digitalizadas; de la llegada del Internet, a la automatización, y ahora a la expansión acelerada de la inteligencia artificial.
Aprendimos sin Google y sin tutoriales de YouTube. Aprendimos con paciencia, lectura, observación y ensayo y error. Y, aun así, aquí estamos: retándonos, evolucionando y manteniéndonos activos en un mundo que nunca se detiene.
La capacidad de adaptación de la edad plateada es un testimonio del valor de la experiencia, la resiliencia y la curiosidad. Y ese valor merece reconocimiento, sin ser subestimado.
¿Y qué pasa con los jóvenes? La otra cara del edadismo
El edadismo no solo afecta a quienes ya tienen décadas de experiencia; también golpea a los más jóvenes.
Frases como: “Es muy joven para ese cargo”; “le falta edad para liderar”; “no tiene suficiente experiencia para decidir”, son igual de dañinas que sus contrapartes dirigidas a personas mayores.
Ambos extremos muestran el mismo problema: la idea equivocada de que la edad determina la capacidad.
Pero la realidad es que: la edad no define el talento ni determina el liderazgo; tampoco condiciona la creatividad, el compromiso o el potencial de aprendizaje.
La clave está en el respeto y en el valor que aportamos juntos
En un entorno laboral cada vez más diverso y multicultural, lo que realmente fortalece a una organización es la colaboración intergeneracional.
La experiencia suma. La innovación suma. La diversidad de perspectivas suma.
Las empresas que entienden esto — como Telefónica, que impulsa programas y espacios de inclusión y aprendizaje continuo— saben que el futuro se construye con todos, no excluyendo a unos u otros por su edad.
Retarnos es avanzar
Hoy, la edad plateada lidera, innova, emprende, aprende nuevas tecnologías, usa IA, y continúa aportando con una visión amplia y con sentido de propósito. Y los jóvenes llegan con energía, ideas frescas y nuevas formas de ver el mundo.
El reto no es competir entre generaciones, sino potenciarnos mutuamente. Porque al final, trabajar en un entorno justo y respetuoso significa reconocer que todos tenemos algo que aportar, y que el valor humano no se mide en años, sino en actitud, aprendizaje y colaboración.








