¿Qué son los drones?
Bueno, para empezar con lo básico: un dron, o para ser más técnico, un vehículo aéreo no tripulado, es básicamente una aeronave que vuela sin que haya nadie dentro pilotándola. Y cuando digo esto, mucha gente piensa en los típicos aparatos con cuatro hélices que ves volando en el parque, pero en realidad el concepto es mucho más amplio.
Un dron puede controlarse de dos formas: o bien hay un operador en tierra (cerca del dron o en remoto) con un mando a distancia, viéndolo volar y diciéndole hacia dónde ir, o bien el dron está programado para volar de forma autónoma, usando GPS e inteligencia artificial para tomar sus propias decisiones.
Lo que me parece importante destacar es que ya no estamos hablando de juguetes. Los drones profesionales de hoy llevan cámaras de alta resolución, sensores térmicos, LiDAR que genera mapas en 3D… son herramientas tecnológicas muy sofisticadas que están revolucionando sectores enteros de la economía.
¿Qué tipos existen?
Hay varias formas de clasificarlos, pero la más sencilla es por el número de hélices que tienen. Los más populares son los cuadricópteros, esos que todos conocemos con cuatro rotores. Son un equilibrio perfecto entre coste, estabilidad y facilidad de uso. Luego tienes los hexacópteros, con seis hélices, que son más estables y pueden cargar más peso, ideales para fotografía profesional y cine. Y si necesitas todavía más potencia, están los octocópteros con ocho rotores, que se usan en tareas industriales complejas donde no te puedes permitir fallos.
Pero también existen los drones de ala fija, que se parecen más a aviones pequeños. Estos no pueden quedarse quietos en el aire como los multirrotores, pero a cambio tienen muchísima más autonomía y pueden cubrir distancias enormes. Son perfectos para vigilancia forestal, inspección de líneas eléctricas en zonas remotas o hacer mapas de grandes extensiones de terreno.
Y luego está la clasificación por peso y uso, que es importante porque determina qué puedes hacer con cada uno. Desde los más pequeños de menos de 250 gramos hasta los drones industriales que pueden cargar cargas de más de 25 kilos. Cada categoría tiene sus propias normativas, que ahora son fundamentales si quieres operar de forma legal.
¿Cuáles son sus principales aplicaciones?
Aquí es donde la cosa se pone realmente emocionante, porque los drones están transformando industrias de forma que hace unos años parecían ciencia ficción.
En agricultura, por ejemplo, están siendo un cambio total. Un dron equipado con cámaras multiespectrales puede sobrevolar un campo y detectar si hay partes del cultivo que están enfermas, estresadas por falta de agua o siendo atacadas por plagas, y lo hace antes de que el problema sea visible al ojo humano. Esto permite a los agricultores aplicar tratamientos solo donde se necesitan, lo que reduce el uso de pesticidas y fertilizantes. Estamos hablando de ahorro económico, pero también de sostenibilidad.
En logística, empresas como Amazon o DHL están experimentando con entregas mediante drones. Y no es solo para paquetes pequeños. Hay drones que ya transportan material médico entre hospitales, medicamentos a zonas rurales de difícil acceso…
Luego está la inspección industrial, que es uno de los usos más consolidados. Antes, para revisar una torre de alta tensión, un puente o una turbina eólica tenías que enviar a personas a lugares peligrosos, con arneses, cuerdas… Ahora un dron con una cámara termográfica lo hace en minutos, de forma más segura y mucho más precisa. Detecta problemas que a simple vista serían invisibles.
Y desde Telefónica estamos trabajando en casos muy interesantes. Por ejemplo, automatización de inventarios en almacenes, detección temprana de incendios o inspección perimetral de infraestructuras. Todo esto combinado con conectividad 5G e inteligencia artificial.
¿Hacia dónde van a evolucionar en el futuro?
El futuro de los drones está en tres grandes direcciones, pero todas ellas interconectadas, y la normativa juega un papel absolutamente central en todo esto.
Primero, autonomía total. Ya no hablamos de que un piloto controle manualmente un dron, sino de enjambres de drones que colaboran entre sí, toman decisiones en tiempo real sin intervención humana constante. Imagina diez drones que trabajan juntos para reforestar una zona quemada: se reparten el terreno, evitan obstáculos, se comunican entre ellos… todo de forma autónoma.
Eso ya no es futuro, ya hay proyectos piloto funcionando. Pero aquí entra la regulación. La normativa europea y española, que se ha actualizado este año, está evolucionando precisamente para permitir estas operaciones complejas de forma segura. En España, AESA —la Agencia Estatal de Seguridad Aérea— está definiendo marcos claros para que los operadores puedan volar sin supervisión humana constante en determinadas condiciones.
Segundo —y esto es donde Telefónica tiene un papel absolutamente clave—, la conectividad 5G combinada con vuelos BVLOS. Déjame explicar qué es esto porque es fundamental para entender el futuro.
En un modelo VLOS (Visual Line of Sight ) para volar un dron, lo tienes que estar viendo siempre, no puedes alejarte más de lo que tus ojos pueden ver, normalmente unos 500 metros a 1 kilómetro como máximo. Y esto, honestamente, limita las aplicaciones. No puedes inspeccionar una línea de alta tensión que tiene 50 kilómetros. No puedes monitorizar un bosque de miles de hectáreas. No puedes hacer entregas de larga distancia.
Pero existe la posibilidad de volar BVLOS, «Beyond Visual Line of Sight», es decir, más allá del alcance visual. Y aquí es donde el 5G transforma el juego completamente. Con 5G, un operador en un centro de control puede estar a cientos de kilómetros del dron, viéndolo a través de transmisión de vídeo en alta definición en tiempo real, controlándolo de forma remota sin perder conectividad ni un segundo. La latencia es ultrabaja, prácticamente instantánea, lo que permite reaccionar ante cualquier imprevisto.
¿Por qué es esto tan importante? Porque abre un mundo de nuevas aplicaciones. Un operador desde Madrid podría controlar un dron que está en Galicia haciendo una inspección industrial. O coordinar múltiples drones simultáneamente cubriendo grandes extensiones. La eficiencia se dispara.
Ahora, la normativa está evolucionando de forma segura y controlada. Esto permite en ocasiones volar en modo BVLOS hasta 2 kilómetros en zonas escasamente pobladas, sin tener que hacer una evaluación de riesgos desde cero cada vez. Es la forma inteligente que ha encontrado la regulación de abrirse a nuevas posibilidades sin sacrificar seguridad.
El objetivo es equilibrar innovación con seguridad. Y en ese equilibrio, disponer de conectividad 5G robusta es la clave. Por eso desde Telefónica estamos trabajando tan intensamente en esto. No solo estamos vendiendo conectividad, estamos habilitando casos de uso que hace cinco años eran técnicamente imposibles.
Y tercero, la integración total con inteligencia artificial y Big Data. Los drones del futuro no solo van a capturar imágenes, van a analizarlas en tiempo real, detectar problemas, tomar decisiones y enviar alertas. Un dron que patrulla un bosque y detecta un foco de incendio antes de que se propague. Un dron que inspecciona cultivos y no solo ve que hay un problema, sino que identifica qué plaga es y recomienda el tratamiento exacto.
Todo esto requiere que el dron pueda transmitir datos en tiempo real, que esos datos se analicen con algoritmos de inteligencia artificial, y que las decisiones vuelvan al dron en cuestión de milisegundos. Y nuevamente, el 5G es lo que lo hace posible.
Mi perspectiva es que el verdadero cambio no vendrá de tener mejores drones de forma aislada, sino de crear ecosistemas conectados donde drones, sensores IoT, 5G, inteligencia artificial y Big Data trabajen juntos en tiempo real. Eso es lo que marca la diferencia. La normativa que se está construyendo en España y Europa está reconociendo exactamente esto: que el futuro de los drones no es un aparato que vuela solo, es un nodo conectado dentro de una red inteligente más amplia.
Y honestamente, el que tenga esa capacidad de orquestación — que tenga la conectividad, la inteligencia artificial, el Big Data y sepa integrarlos en un ecosistema de drones operacionales— va a liderar este sector en los próximos años.
¿Qué tipo de perfiles profesionales trabajan con temas relacionados con los drones?
Esta es una pregunta que me encanta porque mucha gente piensa que solo necesitas ser piloto, y la realidad es que el sector necesita perfiles muy diversos.
Obviamente están los pilotos u operadores de drones, que son quienes controlan físicamente los aparatos. Para ser piloto profesional en España necesitas certificarte con AESA, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea. No basta con saber volar, tienes que conocer normativa aeronáutica, procedimientos de seguridad, gestión de emergencias… Actualmente hay más de 71.000 operadores registrados en España, lo cual te da una idea de lo consolidado que está el sector.
Pero luego necesitas ingenieros que diseñen los sistemas, que integren sensores, que hagan mantenimiento predictivo. Especialistas en inteligencia artificial que desarrollen algoritmos para que los drones naveguen de forma autónoma, detecten objetos, tomen decisiones.
Y algo que mucha gente no piensa: analistas de datos. Un dron que inspecciona 100 hectáreas de cultivo genera miles de imágenes, gigabytes de información. Alguien tiene que procesar eso, analizarlo, convertirlo en insights accionables. Ahí es donde entra el Big Data, el machine learning…
También necesitas especialistas en 5G e IoT, para garantizar que los drones estén siempre conectados, que la transmisión de datos sea segura y confiable.
Y después tienes perfiles más específicos: fotógrafos aéreos, instructores que forman a nuevos pilotos, especialistas en regulación y seguridad operacional, project managers que coordinan flotas enteras de drones…
Mi recomendación siempre es la misma: el futuro no es ser «solo piloto de drones», es ser un especialista multidisciplinar. Un piloto que entiende de agricultura tiene mucho valor. Un ingeniero que combina hardware e inteligencia artificial. Esa mezcla de habilidades es lo que realmente se demanda.
¿En qué medida puede afectar el avance y desarrollo de las nuevas tecnologías para los drones?
El impacto es tremendo, en ambos sentidos: positivo, pero también con retos que hay que gestionar bien.
Por el lado positivo, estamos hablando de eficiencia brutal. Tareas que antes tardaban horas ahora se hacen en minutos. Inspecciones industriales que ponían en riesgo a trabajadores ahora las hace un dron de forma segura. Entregas de última milla que antes requerían una furgoneta contaminante ahora las hace un dron eléctrico. Todo eso tiene impacto económico, pero también ambiental.
En agricultura la reducción del uso de agroquímicos es enorme, porque aplicas solo donde se necesita. En logística reduces emisiones de CO₂. Hay proyectos de reforestación donde enjambres de drones plantan miles de semillas en zonas deforestadas en cuestión de horas. Cosas que manualmente serían imposibles.
Pero claro, también hay retos importantes. Primero, la regulación. El espacio aéreo es un recurso limitado y hay que compartirlo entre drones, aviación civil, helicópteros… Se necesitan marcos regulatorios claros, y España está avanzando mucho en esto, pero aún queda camino.
Luego está el tema de privacidad y seguridad. Un dron con cámara puede grabar donde no debería. Si los sistemas no están bien protegidos, pueden ser hackeados. Necesitamos marcos éticos y de ciberseguridad muy sólidos.
Y está la brecha digital. La tecnología más avanzada sigue siendo cara, no todos los sectores o países tienen igual acceso a 5G… Corremos el riesgo de profundizar desigualdades si no gestionamos bien la transición.
Pero volviendo a lo que comentaba antes: nosotros creemos que el verdadero impacto vendrá de la convergencia tecnológica. No se trata solo de tener mejores drones, se trata de combinar drones con 5G, con inteligencia artificial, con Big Data, con edge computing… y crear soluciones integrales que resuelvan problemas reales de negocio y de sociedad.







