La marca personal te convierte en un punto de referencia: las claves para destacar en la creación de contenido en 2026

Foto de Alicia Gordo

Alicia Gordo Moreno Seguir

Tiempo de lectura: 11 min

Hay una escena que se repite cada día en casi cualquier equipo: alguien abre el correo para “resolver dos cosas rápidas” y, sin darse cuenta, ha saltado de una reunión a un chat, del chat a una llamada, y de la llamada a una presentación que “hay que pulir antes de las cinco”. Al final del día, la sensación es tanto de agotamiento como de fragmentación mental.

Los datos lo confirman. Un informe reciente de Microsoft sobre el “infinite workday” lo indica en números: una persona puede ser interrumpida cada 2 minutos (275 veces al día) durante las horas centrales de trabajo entre reuniones, emails y chats. Cuando el tiempo se rompe en pedazos, la atención deja de ser un recurso y se convierte en un lujo. Y ahí es donde la marca personal, bien entendida, deja de ser un tema “de visibilidad” para convertirse en una cuestión mucho más práctica: cómo generas confianza en menos tiempo, con más claridad y con menos ruido.

Tu marca personal no es lo que dices que eres, sino la reputación que otros construyen sobre ti. La forman las personas que te leen, que trabajan contigo o con las que compartes una decisión difícil. Se define en momentos concretos -cuando hay presión, cuando toca priorizar, cuando hay que elegir- y se consolida en lugares que a veces pasan desapercibidos: una reunión, un email, una conversación de pasillo, una presentación o incluso una publicación. Importa porque la confianza se gana con hechos y se construye con consistencia. Y, en un entorno donde todo compite por atención, eso es lo que hace que te escuchen antes, te entiendan mejor y te recomienden con más facilidad.

En este artículo, en formato entrevista, te comparto mi visión práctica sobre marca personal aplicada a marketing: sin humo, con ejemplos y con datos.

¿En qué consiste la marca personal en marketing?

Para mí, la marca personal en marketing es la reputación que construyes mientras haces tu trabajo… y mientras explicas cómo lo haces. No es “hablar de ti”; es hacer que tu criterio sea identificable. Que alguien pueda describirte con una frase simple, sin esfuerzo. Y cuando eso ocurre, pasan dos cosas: te recuerdan y te recomiendan.

Si se lo tuviera que explicar a mi madre, sería así:

“Que cuando alguien te recomienda, lo haga con una frase clara.”
“Llama a Ali si quieres ordenar un caos.”

En marketing convivimos con una tensión curiosa. Por un lado, trabajamos para que las marcas sean claras y consistentes; por otro, muchas veces no aplicamos esa misma lógica a nuestra trayectoria profesional. Cambiamos de proyecto, de rol o de contexto, y nos cuesta explicar, en dos frases, qué valor aportamos de forma consistente. La marca personal, para mí, es precisamente eso: no lo que haces, sino lo que facilitas y los demás perciben que aportas.

Y aquí una precisión importante: una marca personal sólida no se construye con autopromoción ni con un personaje (tampoco de “estar en todas” y vivir pendiente de los likes). Se construye con servicio. Es decir, con esa voluntad de compartir aprendizajes, elevar conversaciones y hacer que otros también brillen.

Por tanto, la marca personal aparece cuando consigues que ambas cosas se alineen:

  • Promesa: qué pueden esperar de ti (tu “sello” profesional).
  • Prueba: qué has hecho y cómo lo has hecho (evidencias, casos, aprendizajes).
  • Coherencia: entre lo que piensas, dices y haces.

¿Cuáles son las principales características de una marca personal sólida?

A veces ves a alguien cada día y no te quedas con nada. Y otras, lees dos líneas y piensas: “Esta persona sabe de lo que habla”. Por eso, no toda visibilidad equivale a credibilidad. En mi experiencia, las marcas personales buenas y fuertes que generan confianza comparten cinco rasgos (y ninguna es postureo):

  1. Claridad: se entiende rápido “para qué te llamarían”.
  2. Criterio: no repites tendencias; las interpretas y decides qué aplica y qué no.
  3. Consistencia: mantienes un hilo reconocible (temas, tono, valores) en el tiempo.
  4. Utilidad: aportas algo accionable: una idea, una pregunta, un ejemplo.
  5. Humanidad: no eres un catálogo de logros; sino una persona con visión, límites y aprendizajes reales.

Y esto no es una idea bonita, ni una percepción ni tampoco experiencia personal. De nuevo, también se ve en cómo se comporta el mercado y los datos acompañan esta realidad. En B2B, donde marketing y negocio se encuentran de frente, el informe 2024 de Edelman y LinkedIn señala que el 73% de los decision-makers considera el thought leadership más confiable para evaluar capacidades que los materiales de marketing o fichas de producto. Y el 75% afirma que un contenido de thought leadership los llevó a investigar un producto o servicio que no estaban considerando.

Dicho de forma llana: hay un momento en el que el folleto ya no basta; lo que convence es cómo piensas. Porque si confían en ti, te escuchan antes; y si te escuchan antes, te dan una oportunidad antes.

¿Qué elementos son necesarios para construir marca personal?

Para mí, esto va más de rutina que de genialidad. No de una publicación brillante, sino de una manera de comunicar constante que puedas mantener, aunque estés cansado, tengas poco tiempo o no te apetezca. Y esa rutina se apoya en cuatro pilares.

1) Posicionamiento (tu “territorio”)

Lo siento, pero no, no puedes ser referencia en todo. Pero sí puedes ser reconocible en dos o tres temas donde tienes experiencia real y puntos de vista propios. Ejemplo:

  • Marketing con foco en negocio (no solo campañas).
  • Storytelling de producto (explicar lo complejo sin aburrir).
  • Cultura y liderazgo (cómo se hace que las cosas pasen con equipos).

2) Narrativa (tu historia, bien contada)

La gente no recuerda listas, recuerda historias. Y en marketing, la narrativa es la historia que ordena tu recorrido, no para adornarlo; sino para darle sentido.

Una buena narrativa profesional suele responder a:

  • ¿Qué problema te obsesiona resolver?
  • ¿Qué has aprendido a base de práctica?
  • ¿Qué errores te han cambiado la forma de trabajar?

3) Evidencias (tu trabajo, en ejemplos)

Se puede construir credibilidad con aprendizajes, decisiones y procesos (sin necesidad de revelar información sensible):

  • aprendizajes de procesos (“cómo tomamos decisiones”, “qué haría distinto”),
  • marcos (“las 3 señales de que X va a fallar”),
  • ejemplos cotidianos (“cómo preparo un briefing para que no se rompa en ejecución”).

4) Comunidad (relaciones, no números)

Seguramente sea la parte menos glamourosa y más de “trabajo en la sombra”, pero también es la más determinante: genera conversación, esto es; comentar bien, reconocer a otros, abrir debates, sumar sin competir y estar presente.

Aquí suele aparecer una duda muy humana: “¿Y yo qué cuento?”. Y mi respuesta es sencilla: no empieces contando lo que has logrado; empieza contando lo que has aprendido. La gente conecta con el resultado, sí, pero confía con el proceso.

¿Qué beneficios aporta la marca personal?

Me gusta explicarlo así: una marca personal bien trabajada te da dos ventajas muy concretas.

La primera es confianza: cuando alguien ha leído cómo piensas o ha visto cómo trabajas, llega a la conversación con menos dudas y con más predisposición a escucharte.

La segunda es velocidad: no porque las cosas vayan “más rápido” mágicamente, sino porque se reduce el tiempo de calentamiento. En vez de dedicar media reunión a que te ubiquen —quién eres, qué haces, qué nivel de criterio tienes— entras antes en lo importante.

En marketing se nota cuando presentas una propuesta: si tu reputación ya te precede, la conversación empieza en “cómo lo hacemos” y no en “a ver si esto tiene sentido”. Y en negocio se nota cuando hay que decidir: si tu forma de priorizar y de argumentar es reconocible, es más fácil que te den espacio, presupuesto o responsabilidad. No es un atajo injusto; es el resultado de haber sido consistente y útil el tiempo suficiente como para que otros sepan qué pueden esperar de ti. De nuevo, hay datos que aterrizan esta idea: en el informe 2024 de Edelman y LinkedIn, más del 75% de decision-makers afirma que una pieza de thought leadership los ha llevado a investigar un producto o servicio que no estaban considerando. No hablamos solo de notoriedad; hablamos de cambiar el mapa mental de alguien. Y ese cambio —en marketing y en negocio— es el inicio de casi todo.

Hay además un beneficio menos obvio: la marca personal te convierte en un punto de referencia dentro de tu propia compañía. En empresas grandes, tu impacto crece cuando otras áreas entienden rápido qué haces, por qué importa y cómo colaborar contigo. Es una forma de “alineación silenciosa”.

Además, hay un efecto menos evidente y muy relevante: la marca personal también refuerza la confianza hacia dentro. Edelman, en su informe sobre confianza en el trabajo, señala que el 79% de empleados a nivel global afirma confiar en su empleador. Y en su especial sobre confianza en marcas, recoge que el 80% de personas confía en las marcas que utiliza. Cuando los profesionales comunican con rigor —explicando lo que hacen, por qué importa y cómo se toman decisiones— esa confianza no se “declara”: se refuerza en la práctica, porque pone contexto y credibilidad donde, si no, solo habría mensajes corporativos.

¿Cómo debe construirse la marca personal?

Aquí suele estar el bloqueo. Hay muchas maneras, pero si tuviera que proponer un método simple —de esos que se pueden aplicar, aunque tengas poco tiempo— sería este.

1)     Define tu promesa en una frase

Una frase que no sea grandilocuente, sino útil:

“Ayudo a ______ a conseguir ______ a través de ______.”

Ejemplo (orientativo):
“Ayudo a equipos de marketing a convertir innovación compleja en historias claras que muevan adopción y reputación.”

Es una forma de obligarte a concretar, y de evitar esa niebla típica del “hago marketing”.

2) Elige 3 temas “contenedor”

Tres temas bien elegidos te dan foco, variedad y un marco donde ordenar ideas y experiencias. Por ejemplo:

  • Aprendizajes prácticos de marketing (briefings, campañas, insights).
  • Liderazgo y cultura (cómo trabajamos, cómo decidimos, cómo cuidamos energía).
  • Innovación contada en humano (tecnología explicada sin tecnicismos).

3) Crea un “banco de historias”

No esperes a tener inspiración. Guarda decisiones difíciles, errores, conversaciones, aprendizajes de proyecto, analogías que uses para explicar algo a un equipo o a un stakeholder. En el día a día hay material, pero se nos escapa porque no lo registramos.

4) Define un ritual (más que un calendario)

La palabra ritual suena a algo que se cuida. En mi caso personal, por ejemplo, publico todas las semanas en LinkedIn: mismo día, misma hora (los lunes a las 08.30h). La consistencia en este caso no es rigidez; es facilitarle a tu comunidad que te encuentre. Y a ti te genera compromiso y rutina.

5) Escribe para ser útil, no para impresionar

Si tu contenido no ayuda a pensar, decidir o entender algo mejor, entonces será ruido (aunque esté bien escrito). Si ayuda, se convierte en referencia, inspiración… No publiques para impresionar. Publica para ser útil, reconocible y confiable.

Y si te sirve una regla práctica para transformar “tu trabajo” en “contenido” sin sonar a anuncio, aquí va una fórmula que funciona muy bien en marketing y también en negocio: Problema → Decisión → Aprendizaje. Es simple, es humano y, sobre todo, es creíble.

6) Mide lo que importa

No te obsesiones con likes. Mira:

  • conversaciones de calidad,
  • mensajes privados con “me ayudó”,
  • oportunidades que llegan,
  • gente que te recomienda sin que se lo pidas.

En mi caso, me funciona llevar un seguimiento simple (en una hoja de Excel, nada sofisticado) para ver las métricas con perspectiva. No para para obsesionarme con los números, sino para entender la evolución con claridad, qué contenidos me acercan a mis objetivos y generan conversación de calidad, cuáles no, y por qué. La clave está en convertir cada publicación en aprendizaje.

¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?

Las nuevas tecnologías -y especialmente la IA- son un acelerador, pero no un sustituto.

Pueden ayudarte a ordenar, estructurar, pulir claridad, generar versiones y pensar contraargumentos. Es decir, pueden darte forma. Lo que no pueden darte es fondo. No pueden fabricar tu criterio ni tus decisiones. Y ese es el riesgo que estamos empezando a ver: si todos usamos las mismas herramientas del mismo modo, acabamos escribiendo igual.

Mi regla es esta: IA para ganar eficiencia en la ejecución, esto es estructurar, resumir, versionar, mejorar claridad. Pero la diferenciación sigue estando en lo humano, en la experiencia acumulada, el contexto, la capacidad de decidir y el matiz. Porque puedes tener un texto impecable y, aun así, que no diga nada. Lo que construye confianza no es la perfección: es que se note experiencia, intención y punto de vista.

Al final, la marca personal no se decide en un “about me”. Se decide en algo mucho más cotidiano: si, cuando alguien piensa en ti, sabe explicarte con una frase sencilla. Esa frase —la frase de recomendación— es la prueba más honesta de que tu reputación está clara.

Los referentes que construyen marcas personales duraderas suelen hacer lo mismo, aunque lo hagan con estilos distintos: repiten un territorio, sostienen una voz y convierten su experiencia en algo útil.

Por ejemplo, Simon Sinek convirtió una intuición en un marco que cualquiera puede recordar y aplicar (“Start With Why” y su “Golden Circle”), y esa claridad explica buena parte de su impacto.

Recuerda que lo que hay que hacer para construir marca personal es más simple y exigente: ser consistente en lo que aportas. Y eso, en tiempos de ruido, es lo que te hace más fácil de entender, más fácil de recordar y, sobre todo, más fácil de recomendar.

Compártelo en tus redes sociales


Medios de comunicación

Contacta con nuestro departamento de comunicación o solicita material adicional.