Un marco regulatorio claro, proporcionado, coherente y predecible es esencial para favorecer la inversión, la innovación y el crecimiento económico. La acumulación de normas, la superposición de obligaciones o la existencia de requisitos divergentes entre jurisdicciones pueden generar costes y complejidad sin traducirse necesariamente en mayores niveles de protección o seguridad jurídica.
La simplificación debe entenderse como un principio general de buena regulación. Simplificar no significa desregular ni reducir los niveles de protección, sino alcanzar los objetivos de política pública de la forma más eficaz y eficiente posible, evitando duplicidades y favoreciendo normas basadas en riesgos, tecnológicamente neutrales y capaces de adaptarse a la evolución de los mercados.
Para conseguirlo es necesario un modelo de gobernanza que integre la simplificación a lo largo de todo el ciclo regulatorio, desde el diseño hasta la implementación y revisión de las normas. Esto implica evaluar si una nueva regulación es realmente necesaria o existen instrumentos alternativos, analizar sus efectos acumulativos y consultar tempranamente a los sectores afectados.
También requiere una aplicación proporcionada y unas evaluaciones periódicas de las normas existentes para una mayor coordinación entre autoridades y jurisdicciones, y evitar así obligaciones divergentes o duplicadas.
El caso de la Unión Europea: una simplificación para la competitividad
En la Unión Europea, este desafío adquiere especial relevancia. La acumulación progresiva de regulación y su aplicación heterogénea entre Estados miembros han contribuido a un entorno complejo y fragmentado, que puede dificultar la inversión, la innovación y la capacidad de las empresas para alcanzar escala.
Los informes de Draghi y Letta contribuyeron a situar la simplificación en el centro de la agenda europea de competitividad y Mercado Único. El reto ahora es convertir esa ambición en un proceso estructural y sostenido, que no se limite a reducir determinadas cargas administrativas, sino que revise el stock regulatorio existente y, al mismo tiempo, evite generar nueva complejidad a través de la colaboración institucional de los diferentes servicios de la Comisión Europea y las autoridades correspondientes.
Desde Telefónica defendemos una simplificación regulatoria ambiciosa, apoyada en una gobernanza que asegure la coherencia de las normas y evalúe su impacto acumulativo. En el ámbito europeo, este enfoque debe contribuir además a reducir la fragmentación y reforzar el Mercado Único, favoreciendo que las empresas puedan invertir, innovar y alcanzar escala sin menoscabar los objetivos de protección de la regulación.


