Ese dato aparece en el informe “Derechos sin conexión. Un análisis sobre derechos de la infancia y la adolescencia y su protección en el entorno digital» publicado por Save the Children, dentro de su campaña #DerechosSinConexión. Save the Children ha analizado cómo niños, niñas y adolescentes se relacionan con el entorno digital. El informe busca garantizar que sus derechos se respeten también en el mundo digital, protegiéndoles frente a la violencia y promoviendo un uso seguro y consciente de internet y redes sociales.
Pero no es un informe frío que recoja solo cifras, sino un espejo que refleja emociones, miedos, risas y silencios. Habla de lo que sienten niños y jóvenes cuando navegan, del tipo de contenido que consumen, de cuántas horas se pierden frente a la pantalla… y, sobre todo, de si están listos para los baches y trampas que hay en esta autopista digital.
Un país hiperconectado… y algo consciente
Según el informe España es de los países más conectados del mundo: el 96,4 % de la población tiene internet y, para 2025, incluso los pueblos más remotos tendrán banda ultrarrápida. Es un logro impresionante; hace veinte años habría sonado a ciencia ficción.
Y no es casualidad. En gran parte, este avance se debe al esfuerzo continuado de empresas como Telefónica, que en los últimos años ha llevado el 5G+ a miles de municipios y ha reforzado la cobertura en zonas rurales donde antes la conexión era inestable o inexistente. Gracias a ese despliegue, hoy es posible que un adolescente en un pequeño pueblo tenga prácticamente las mismas oportunidades digitales que otro en pleno centro de Madrid.
Pero, claro, surge la pregunta inevitable: ¿estamos viajando con ellos en este trayecto digital… o solo los vemos marcharse mientras nos quedamos en el andén?
El informe apunta que, pese a esta red omnipresente, nuestros adolescentes pasan menos tiempo en redes sociales, juegos o streaming que la media global. ¿Más conciencia? ¿Mejor educación digital? Tal vez. O tal vez sea solo que aún no hemos tocado techo. En cualquier caso, no es momento para relajarse.
Avances en protección… pero el reto vive en casa
El informe hace referencia al proyecto de ley que exigirá que todos los dispositivos con acceso a internet lleven control parental gratuito y fácil de activar y que la edad mínima para que un menor pueda autorizar el uso de sus datos en redes sube a 16 años. Un marco legal pionero en protección infantil y control parental en España.
Pero, mi experiencia es que ninguna ley reemplaza esa conversación mientras se cena, ni esa pregunta al pasar por su habitación: —¿Todo bien? —. La tecnología corre, pero nuestra forma de acompañar tiene que correr más. No se trata solo de limitar el tiempo frente a la pantalla; se trata de saber qué hacen ahí, con quién hablan, cómo se sienten cuando cierran la aplicación y apagan la luz.
Conectados…pero no siempre
El informe advierte que, aunque la conectividad es casi total y las cifras puedan sonar a éxito, no todos los adolescentes tienen las herramientas necesarias para moverse con seguridad en este océano digital. Muchos no saben identificar cuándo un contenido es dañino, cuándo una interacción se vuelve peligrosa o cómo proteger su propia información. Y no hablamos solo de casos extremos: a veces, basta una broma hiriente en redes, un enlace sospechoso o una foto compartida sin pensar para abrir una grieta en su confianza o su seguridad.
Aquí es donde aparece la verdadera brecha: la del acompañamiento. La tecnología avanza a velocidad de la fibra óptica, pero el acompañamiento adulto sigue, muchas veces, a paso de tortuga. Entre horarios de trabajo, desconocimiento técnico y cierta confianza ingenua en que “ellos controlan”, dejamos que gestionen solos un mundo que ni siquiera nosotros comprendemos del todo.
Y ahora… ¿qué?
Este artículo no busca dar respuestas perfectas, sino abrir la puerta a un diálogo. Porque detrás de cada estadística hay una historia… un niño o adolescente que intenta encontrar su lugar en este mundo digital. Y también unos padres que como yo misma, intentan hacer equilibrios: acompañando sin ahogar, protegiendo sin encadenar, e intentando educar con la información y con el ejemplo.







