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Carolina Marín, experta en hacer de la adversidad su fortaleza

Carolina Marín siempre se levanta. La española ha sufrido duros reveses a lo largo de su carrera deportiva, pero no deja de volver con más fuerza, convirtiéndose en un ejemplo de cómo transformar la adversidad en una oportunidad de mejora.

Su golpe más reciente: quedarse fuera de los Juegos Olímpicos de Tokio. Un mal giro de pierna mientras entrenaba en el CAR de Madrid con la vista puesta en la cita olímpica acabó de la peor forma posible. Rotura del ligamento cruzado anterior y los dos meniscos de la rodilla izquierda, lo que supuso tener que pasar por el quirófano y comenzar una rehabilitación de varios meses.

“He llorado mucho, pero os puedo decir que detrás de esas lágrimas y de ese dolor hay todas las ganas del mundo de seguir, no rendirme y volver,” escribía recientemente Marín en sus redes sociales, junto a una foto de su rodilla recién operada.

La volantista no se marcó plazos para regresar, pero una lesión de ese calibre requiere un período de convalecencia que le impedirá revalidar el oro conseguido en Río 2016. La de Tokio es la prueba más relevante del calendario de este año por tratarse de unos Juegos, pero para Marín la cita marcada en rojo era el Mundial, que se celebrará a finales de noviembre en su tierra, Huelva.

 

Un palmarés impecable

Hay pocas distinciones que Carolina Marín no tenga aún en su palmarés. Tres Campeonatos Mundiales (2014, 2015 y 2018), cinco de Europa individuales (2014, 2016, 2017, 2018 y 2021) y dos bronces continentales por equipos (2016 y 2018) acompañan al oro olímpico (2016) como principal carta de presentación de la máxima exponente del bádminton en España.

La onubense también se convirtió en la primera jugadora europea en liderar el ranking mundial de la BWF desde que la danesa Tine Baun hiciera lo propio en 2010. Marín alcanzó esa cima en 2015, sin haber cumplido todavía los 22 años y tras encadenar sendas victorias en el All England, el Abierto de Malasia y el Abierto de Australia.

Su trayectoria le permitió convertirse en Premio Nacional del Deporte Reina Sofía en el 2014. Ese mismo año fue distinguida con la Medalla de Bronce de la Real Orden del Mérito Deportivo, metal que convirtió en oro dos años más tarde, en 2016.

 

Las herramientas digitales, clave en su éxito

La representación de Carolina Marín de los valores del deporte hace que las marcas se interesen por su figura y quieran acompañarla e impulsarla en su carrera. Es el caso de Telefónica, que además de patrocinarla pone a su servicio herramientas de ‘big data’ e ‘IoT’ para mejorar su rendimiento.

Su entrenador, Fernando Rivas, es conocido por incorporar la tecnología a través de innovadores métodos de entrenamiento, con los que trata así de contrarrestar la mayor tradición que hay en otros países rivales en torno al bádminton.

Telefónica, partner tecnológico de la jugadora, puso a disposición de ella y de su equipo herramientas digitales en torno a tres pilares: una base de datos con información de todos sus partidos, algoritmos de aprendizaje automático que encuentran patrones en su juego para sugerir mejoras y una visualización intuitiva que les permite interactuar con la máquina. Con estos sistemas, Marín puede simular sus partidos antes incluso de disputarlos, y esta ayuda no solo influye en aspectos del juego, algo que seguramente agradezca la onubense ahora que vuelve a estar lesionada.

“Me ha ayudado muchísimo a recuperarme de la lesión que tuve porque todo iba dirigido a cómo respondiera la rodilla en cada uno de los entrenamientos. Toda la información que mis entrenadores no tenían, el acelerómetro se la daba,” explicó sobre su primera rotura de ligamentos en 2019.

 

Un contratiempo más

Marín tenía ante sí el reto de convertirse en la primera jugadora que revalida el oro olímpico en bádminton, pero esta lesión se lo impedirá. Sin embargo, si algo caracteriza a la española es su capacidad de levantarse con más fuerza. Su lema ‘Puedo porque pienso que puedo’ es una gran representación de su carrera.

En 2019 ya sufrió una grave lesión al romperse el ligamento cruzado anterior, en esta ocasión de la rodilla derecha. Una rotura de esas características hace dudar a cualquier deportista sobre el rendimiento que podrá alcanzar al recuperarse, pero no a Carolina Marín. Ocho meses de recuperación después, volvió al máximo nivel hasta que la pandemia frenó el deporte en seco.

Este 2021 estaba recuperando sensaciones de cara a las Olimpiadas de Japón, con grandes victorias como el doblete en el Super 1000 de Tailandia, el Super 300 de Suiza o el Campeonato de Europa, cediendo únicamente las World Tour Finals en la final ante la número uno mundial, Tai Tzu Ying.

 

La resiliencia, estandarte de su carrera

La propia volantista expresaba en esa misma publicación que si hay una palabra marca en su vida, esa es resiliencia. “En estos últimos 2 años no lo he tenido fácil,” añadía.

Al golpe de su grave lesión en 2019 se sumó otro justo antes de la pandemia. Gonzalo Marín, padre de la jugadora y una de las figuras clave que la ha acompañado en su carrera, sufrió un accidente laboral grave. Finalmente, tras meses combatiendo contra las secuelas de la caída, falleció el pasado julio.

Un mazazo para Carolina Marín, que a pesar de ello se repuso y estaba firmando una temporada a gran nivel hasta que otra lesión se cruzó en su camino. Sin embargo, la española ya ha demostrado que en los momentos más duros es cuando más fuerte se hace. Solo tiene que seguir haciendo lo que mejor sabe.

 

Carolina Marín